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> <channel><title>Arte Libertino</title> <atom:link href="http://www.artelibertino.com/magazine/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" /><link>http://www.artelibertino.com/magazine</link> <description>Magazine</description> <lastBuildDate>Thu, 16 Feb 2012 17:23:52 +0000</lastBuildDate> <language>en</language> <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod> <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency> <generator>http://wordpress.org/?v=3.2.1</generator> <item><title>Espejos &#8211; Patricia Nasello</title><link>http://www.artelibertino.com/magazine/2012/02/espejos/</link> <comments>http://www.artelibertino.com/magazine/2012/02/espejos/#comments</comments> <pubDate>Thu, 16 Feb 2012 17:19:21 +0000</pubDate> <dc:creator>Arte Libertino</dc:creator> <category><![CDATA[Opinion]]></category> <category><![CDATA[Patricia Nasello]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://www.artelibertino.com/magazine/?p=3137</guid> <description><![CDATA[ – Patricia Nasello Sin advertirlo, fui creando en mi vida un espacio para llaves sin dueño, para llaves que no [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p
style="text-align: right;"><span
style="color: #888888;"><strong><a
href="http://www.artelibertino.com/magazine/2011/07/opinion-patricia-nasello/patricia-nasello-copia/" rel="attachment wp-att-2768"><img
class="aligncenter size-large wp-image-2768" title="Patricia Nasello copia" src="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/Patricia-Nasello-copia-494x224.jpg" alt="" width="494" height="224" /></a></strong></span></p><p
style="text-align: right;"><span
style="color: #888888;"><strong> – Patricia Nasello</strong></span></p><p
style="text-align: justify;">Sin advertirlo, fui creando en mi vida un espacio para llaves sin dueño, para llaves que no abren ninguna puerta o, en todo caso, sólo abren las de la memoria. Una de ellas por ejemplo, abre, abriría, mi casa. La casa donde viví desde los 3 años hasta los 17. Donde aprendí a leer, donde me visitaba mi novio, donde fui a pasar un verano con mi esposo y mi hijita recién nacida. Mi hijo menor no la conoció, ya se había vendido.</p><p
style="text-align: justify;">La casa donde aprendí a amar todo lo que aún amo y a ser generosa y paciente con esos amores, al principio, sólo  nos tenía a nosotros: papá, mamá y yo. Era la única en nuestra manzana. Alrededor, el monte, y un poco más allá, las sierras que mirábamos desde las ventanas. En verano, verdes, azules en invierno.</p><p
style="text-align: justify;">Para impedir que entraran los burros papá plantó tras la cerca, baja, de ladrillos, un arbusto de madera muy dura, espinoso, que producía unos frutos minúsculos de un color rojo encendido, venenosos. Llamábamos gratevus a tal arbusto. Hace pocos años supe a través de un artículo publicado por la escritora Cristina Bajo, que su nombre botánico es Crateaus, nombre latino de Kratevas, médico, asesino y escritor que vivió en el siglo I a de C. Kratevas experimentaba con venenos que usaba en esclavos o enemigos de su rey, Mitrídates del Ponto. Luego describía los horrorosos padecimientos de sus víctimas con una prosa elegante y poética. Leerlo, contemplar esta aventura maravillosa que es el hombre desde su costado más oscuro y siniestro, es sumirme en la más profunda desesperanza. Y también respetar, y temer, y apiadarme, de esa desconocida que me mira desorbitada desde el espejo. </p><p
style="text-align: justify;">Tras la cerca, en la vereda, ganaban altura tres olmos. La calle, entonces de tierra apisonada,  lleva por nombre Monteagudo. Bernardo de Monteagudo,  otro escritor. Revolucionario, periodista, político feroz y militar independentista argentino del siglo XIX. Autor del primer ensayo para lograr una Federación de los Estados Hispanoamericanos.  Murió a los 35 años, asesinado en Perú por quienes odiaban tanto la radicalización de sus ideas como su denodada pasión para llevarlas a término. Si toda vida es una odisea, una lucha esforzada por llegar donde sentimos, sabemos, nos corresponde; Monteagudo, viajero incansable a través de esta América Latina que soñaba unida sin importar el costo, su controversial figura, es un ejemplo paradigmático de ello. Este mártir con mácula, serena mi reflejo y me reconcilia con él: demuestra que la oscuridad está pero no es irreductible.</p><p
style="text-align: justify;">Así como las sierras, de un color y de otro. Así como una casa solitaria pasa a ser otra más en la ciudad recién estrenada. Así como el departamento donde escribo estas líneas soñando volver a un hogar que ya no existe. Así  como esta llave cuya inutilidad no le impide tener un peso determinado sobre mi palma y entibiarse al contacto de mi piel. Así como se aprende, aprehende, que el amor y el recuerdo del amor son el mismo sentimiento. Así como el monte, cualquiera puede advertirlo en las grietas del asfalto, espera paciente el retorno de su tiempo. Así, ves, de esta materia ambivalente, contradictoria, cambiante y, sin embargo, circular, ha sido hecha la vida y su reflejo.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.artelibertino.com/magazine/2012/02/espejos/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Credo</title><link>http://www.artelibertino.com/magazine/2012/01/credo/</link> <comments>http://www.artelibertino.com/magazine/2012/01/credo/#comments</comments> <pubDate>Thu, 19 Jan 2012 14:50:11 +0000</pubDate> <dc:creator>Arte Libertino</dc:creator> <category><![CDATA[Opinion]]></category> <category><![CDATA[Patricia Nasello]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://www.artelibertino.com/magazine/?p=3123</guid> <description><![CDATA[Me asomo a la a la ventana infinita que es la red y veo, en distintos sitios y momentos, cuatro imágenes. [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p
style="text-align: justify;"><a
href="http://www.artelibertino.com/magazine/2011/07/opinion-patricia-nasello/patricia-nasello-copia/" rel="attachment wp-att-2768"><img
class="aligncenter size-large wp-image-2768" title="Patricia Nasello copia" src="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/Patricia-Nasello-copia-494x224.jpg" alt="" width="494" height="224" /></a></p><p
style="text-align: justify;">Me asomo a la a la ventana infinita que es la red y veo, en distintos sitios y momentos, cuatro imágenes.</p><p
style="text-align: justify;">—Una hamaca vacía y su sombra, foto en blanco y negro.</p><p
style="text-align: justify;">—Una niña que se columpia sobre cierta ciudad, la cual se adivina imponente a sus pies. La hamaca cuelga de un cielo límpido, profundamente azul. Ella se ve de espaldas, remera rosa.</p><p
style="text-align: justify;">-—En un bosque denso, oscuro, tétrico, una joven, sentada sobre una hamaca quieta, aferra sus manos a sendas cadenas que se sostienen de una rama. Viste túnica blanca. El dibujante la ha retratado de frente, descalza, con la cabeza gacha y el cabello sobre el rostro.</p><p
style="text-align: justify;">—Una mujer duerme acurrucada sobre una hamaca. A sus espaldas se observa un enorme reloj antiguo cuyas horas se señalan con números romanos. Sueño diferentes realidades, posibles e imposibles. Espero que el destino venga a mi encuentro. Me dejo estar. Que trabajen otros. Anestesio el dolor hasta que los recuerdos se amansen. Mientras aguardo que Zeus decida preñarme de un héroe, tomo una siesta. No logro quitar esta pesadilla, me adormece, me cubre como una manta.</p><p
style="text-align: justify;">El hocico húmedo, afilado, maloliente de la noche; no me amenaza, no me asusta, no tengo nada que perder. El agujero negro de la culpa ordena guarde silencio. Reunión de alimañas, han olfateado a mi fantasma. Podría levantar cabeza, si quisiera.</p><p
style="text-align: justify;">Con la frente en alto bebo el mundo de un trago. El universo, amable y bello, gira en torno de mí. Disfruto. No camino, me deslizo. Tengo quien me cubre las espaldas. Soy la Cenicienta de última hora, la que se calza el zapato que gentilmente ofrece el paje. Liviana como una pluma, sólo mi corona de reina hará peso.</p><p
style="text-align: justify;">Estuve aquí, desconozco por qué no salgo en la foto. Estuve aquí hace mucho tiempo, no recuerdo haber sido feliz. Estuve aquí, esperándote. Estuve aquí aunque no me creas. Estuve aquí una mañana hermosa, el globo naranja del sol se levantaba tras la sierra.</p><p
style="text-align: justify;">Estuve aquí con mi hija, su mano pequeña en la mía. Estuve con mi hijo, cantábamos un tema de La Renga. Estuve aquí con vos.</p><p
style="text-align: justify;">Estuve aquí hace mucho tiempo, desde entonces no soy feliz. Estuve aquí, la sombra asiente. Mi sombra. Mi sombra sola. Ausencia.<br
/> Creo que el arte me representa. Creo que el arte me representa siempre. Creo en el “ba”, energía personal imperecedera, del que hablaban los antiguos egipcios. El ba de un faraón era su poder, el de un sabio, su espíritu. Creo que el mío es la imaginación.</p><p
style="text-align: justify;">yoyoyoyoyoyoyoyooyoyoy…</p><p>“Me celebro y me canto a mí mismo. / Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti, / porque lo que yo tengo lo tienes tú / y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también. / … y no terminaré mi canto hasta que muera.” Walt Whitman</p><pre></pre>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.artelibertino.com/magazine/2012/01/credo/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Navidad (Erika Maya)</title><link>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/navidad-erika-maya/</link> <comments>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/navidad-erika-maya/#comments</comments> <pubDate>Mon, 19 Dec 2011 18:58:48 +0000</pubDate> <dc:creator>Arte Libertino</dc:creator> <category><![CDATA[Cuentos de Navidad]]></category> <category><![CDATA[Relatos]]></category> <category><![CDATA[Cuentos]]></category> <category><![CDATA[Erika]]></category> <category><![CDATA[Maya]]></category> <category><![CDATA[Navidad]]></category> <guid
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style="text-align: justify;"><a
href="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/navidad.png"><img
class="alignnone size-full wp-image-3110" title="navidad" src="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/navidad.png" alt="" width="480" height="180" /></a></p><p
style="text-align: justify;">Desde hacía varios meses no paraba de llover, el cielo estaba oscuro con un eterno manto gris que cubría el techo de la pobre casita en lo alto del cerro; chorreaba el agua por las descompuestas tejas desembocando en el huerto.</p><p
style="text-align: justify;">Palidecían los sembrados, lerdas florecillas asomaban y se extendían por los alrededores de la casa; surcaban de amarillo y rosa todo a su paso.</p><p
style="text-align: justify;">Al interior la abuela mecía sus noventa; absorta en el silencio de la casa, buscando eternidad en los ojos más allá de la ventana.</p><p
style="text-align: justify;">Vertida en el letargo de las horas que parecían no acabarse nunca igual que la lluvia.</p><p
style="text-align: justify;">Dos niños, con las uñas crecidas arañaban la tierra; su carita quemada por el frío invierno.  Rescataban del huerto las pocas viandas que mamá  convertía en pasteles y bocados para vender en la plaza.</p><p
style="text-align: justify;">Se deslizaban en el barro, trepaban el único árbol justo en frente de su casa.  Desnudo de hojas, abrazado al suelo en posición de fortaleza les permitía creerse gigantes trepando el castillo donde un hada miniatura prometía futuro.</p><p
style="text-align: justify;">En las mañanas de domingo montados en la copa se morían de la risa viendo como se hacia pequeñita su madre en su descenso camino al pueblo.</p><p
style="text-align: justify;"> No iban a la escuela, pero conocían el evangelio; se pasaban las noches reza que reza al lado de su abuela, esperando que en esa noche de diciembre tocaran a su puerta con los regalos mas hermosos del mundo.</p><p
style="text-align: justify;">A ese padre que jamás conocerían.  Un día se interno en el bosque sin regreso; desde entonces alumbra una tenue velita esperando, esperando.</p><p
style="text-align: justify;">Apilonaban maderos para atizar el fogón, desteñidos como si su tiempo no fuera ahora, mas bien una caricatura cuadraplejica de la infancia, paralelos a ese mundo de color que venía en las revistas.</p><p
style="text-align: justify;">A escasez de dulces; imaginaban zarzamoras cual si fueran algodones azucarados o bolitas de chicle, caramelos deshechos en sus boquitas agrietadas y muecas.  Sedientas de verdades, tan llenas de necesidad, con el eco ausente a expensas del tiempo, de nadie; de la nada.</p><p
style="text-align: justify;">Mamá desparramaba su llanto camino a la plaza, empapada su tristeza.  Allá arriba solo era mariposa, más que sonrisas para sus dos “carisucios” como los llamaba.  Sostenía su corazón a punto de esperanzas pero muy en el fondo conocía su condición y sabía que pocas eran las oportunidades de cambio.</p><p
style="text-align: justify;">Le regalaban atados de ropita que más tarde eran convertidos en  fina pieza, delicadamente reconfeccionados a la medida.  Los escondía en la cómoda de la abuela.</p><p
style="text-align: justify;">Llegó entonces la víspera de la navidad, en bolsitas plásticas envolvió la ropita, un caramelo, una muñeca despeinada con los ojos fijos, preñados de pobreza y un carrito con luces tatuadas, piloteando la nave una figurita de madera.</p><p
style="text-align: justify;">En la tarde, el enorme árbol fue abordado de aves.  Palomas blancas, tórtolas infladas dejando su canto, despistadas golondrinas iban y venían y un inmenso pavo real abría su cola en lo alto de la copa.</p><p
style="text-align: justify;">Al caer la noche, dos chiquilines adherían su niñez a las bolsitas plásticas, una viejecilla ascendía a los cielos.  En su sueño eterno se despedía de la vida que poco a poco fue tiñendo en su rostro una sonrisa de descanso.</p><p
style="text-align: justify;">La vela se hizo llama; una mujer dejaba caer su ternura por la ventana y en el árbol seres de alas dormitaban.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/navidad-erika-maya/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Cuento de Navidad (Julian Silva)</title><link>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/cuento-de-navidad-julian-silva/</link> <comments>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/cuento-de-navidad-julian-silva/#comments</comments> <pubDate>Mon, 19 Dec 2011 18:57:58 +0000</pubDate> <dc:creator>Arte Libertino</dc:creator> <category><![CDATA[Cuentos de Navidad]]></category> <category><![CDATA[Relatos]]></category> <category><![CDATA[Cuentos]]></category> <category><![CDATA[Julian]]></category> <category><![CDATA[Navidad]]></category> <category><![CDATA[Silva]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://www.artelibertino.com/magazine/?p=3028</guid> <description><![CDATA[Mi abuelo murió 15 días antes de navidad.  Mamá lloraba día y noche al igual que la abuela.  Mis hermanas [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p
style="text-align: justify;"><a
href="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/CUENTO-DE-NAVIDAD.png"><img
class="alignnone size-full wp-image-3108" title="CUENTO-DE-NAVIDAD" src="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/CUENTO-DE-NAVIDAD.png" alt="" width="480" height="180" /></a></p><p
style="text-align: justify;">Mi abuelo murió 15 días antes de navidad.  Mamá lloraba día y noche al igual que la abuela.  Mis hermanas pedían oraciones en lugar de regalos y mi papá desaparecía para siempre en las turbulentas calles de Buenos Aires.  Las vísperas del 24 de diciembre se sumían en una enfermedad llamada melancolía.  El dolor traspiraba por la boca de toda mi familia.</p><p
style="text-align: justify;">El abuelo Gessen, El caminante, el médico que una vez en su juventud aprendió los secretos de la magia indígena para curar sin la ayuda de bisturíes o escalpelos, fue quien me enseñó rezos secretos, el tarot, invocaciones del más allá y la manera adecuada de hablar con la gente mientras duerme.  También a él le debo mi capacidad para ver las sombras de la gente que desaparece de este mundo, la energía escapando del cuerpo frío y la briza cálida que te sacude el pelo cuando deciden visitarte.  Tal vez fue por ello que no sentí gran tristeza cuando se murió.  De hecho, me encontraba emocionado pensando en los regalos del árbol de navidad.  Era lo único que me pasaba por la cabeza y así se lo decía a mamá.  Pero nade tenía ánimos de celebrar nada.</p><p
style="text-align: justify;">El árbol continuaba desarmado entre cajas y demás basurillas en el garaje.  La lista de regalos continuaba sobre la mesa de noche de mamá.  La abuela no me preguntaba qué deseaba para navidad tampoco.  El tío Manuel se emborrachaba todos los días fuera de la casa y no aparecía sino hasta la madrugada.  A nadie le importaba adornar la casa, las guirnaldas, la nieve falsa.  Sin embargo, yo seguía esperando con ansias la noche de navidad.  Sabía que aunque mi familia estuviera triste, papá Noel dejaría muchos regalos bajo el árbol de navidad, total, le tendría sin cuidado la muerte de uno más de los capullos del mundo.</p><p
style="text-align: justify;">En todo caso, sin importar lo mucho que sufriera mi familia, la noche del 24 llegó.  Todos se acostaron temprano, antes de las 10.  Yo hice lo humanamente posible por mantenerme despierto con tal de descubrirlo a él, a papá Noel, dejando los regalos y tomando el vaso con leche que dejé en el comedor.  Pero de nada fui capaz.  Mi energía infantil desfallecía en las noches y algo tan simple como esperar la media noche superaba todas mis fuerzas.</p><p
style="text-align: justify;">Así fue como pasaron horas y horas hasta que llegó la madrugada.  Afuera llovía y las nubes tapaban las primeras birlas del sol.  Hacía mucho frío, y aunque estuviera cómodo y caliente bajo las cobijas, recordé a papá Noel y salí corriendo a la sala que era donde antes poníamos el árbol.  Había como niebla o algo parecido, bruma o de la forma en que se le llame, y los pájaros de la mañana guardaban silencio así como el gato de la casa.  Nada se movía u oía diferente a mi respiración y la imagen de mi abuelo con su bata de médico haciendo como si acomodara regalos en el rincón.</p><p
style="text-align: justify;">Permanecí en silencio mucho tiempo; mi corazón palpitaba tan fuerte que creí despertaría a todo mundo.  “Así que este es papá Noel” me dije.  No se parecía nada al de la TV y las propagandas.  “¿Y la ropa roja, la barba y los carajos renos?”.  Mi abuelo era delgado y alto como una viga.  Además, tenía el pelo negro y los ojos color miel.  Parecía más un pirata español que un gordo bonachón de Escandinavia.  De todas formas me pregunté qué sería lo que dejaba en el rincón, qué tipo de regalos se suponía eran para mí.</p><p
style="text-align: justify;">“Papá Noel –pregunté-, mi lista de regalos, ¿la recibiste?”.</p><p
style="text-align: justify;">Nada.  Miraba de un lado a otro, sonriendo para sí.</p><p
style="text-align: justify;">“¡Carajo, abuelo!, ¿son esos mis regalos?”.</p><p
style="text-align: justify;">Esta vez miró pero dio media vuelta y salió volando por la ventana del patio hasta desaparecer entre el azul del cielo.  Recuerdo que le grité: “¡Hey, pendejo!, ¿dónde pusiste los regalos?”.  Hice esto varias veces hasta que la abuela apareció de la nada.  Me agarró de una oreja y preguntó a quién le gritaba.</p><p
style="text-align: justify;">“¡A papá Noel!” respondí.</p><p
style="text-align: justify;">“¡Esas cosas no existen! –me dijo rabiosa-, y tampoco el ratón Pérez ni el niño Dios&#8230; son tus papás los de los regalos, métetelo en la cabeza y ¡a ver si maduras de una buena vez!”.</p><p
style="text-align: justify;">No salió de su cuarto después de eso, hasta bien entrado enero.  Tuvieron que alimentarla con una sonda dada su negativa a comer.  En su terrible lapso depresivo repetía una y otra vez que el abuelo se convirtió en papá Noel después de morir, y que si no lo creían, debían preguntarme a mí.  Desde luego, yo les decía que en efecto vi al abuelo volar por los cielos pero no estaba seguro de que fuera papá Noel.  Mi mamá y los demás escuchaban sin prestar verdadera atención y regresaban a sus rezos y a sus iglesias y a las misas que pagaban en nombre del abuelo.</p><p
style="text-align: justify;">No recibí los regalos de esa víspera pero al año siguiente me dieron una bicicleta y fui verdaderamente feliz.  Sabía que se trataba de mi mamá y el propio tío Manuel en medio de sus eternas borracheras quienes acomodaban los regalos bajo el árbol, pero no me importaba nada de eso.  En mi mente lo imaginaba a él, al abuelo Gessen, bajando de una nube con un costal de juguetes en el hombro.  No tenía barba blanca ni ropas rojas, pero era a quien realmente deseaba encontrar.  Debía verse muy gracioso con su pelo color carbón y su tez morena como la de un pirata español, junto a papá Noel, compitiendo ambos por darme los mejores regalos del mundo, trepados ambos en una estrella incandescente a la velocidad del tiempo y gritando “HO, HO, HO” a través de la inmensidad del cielo infinito.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/cuento-de-navidad-julian-silva/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>La luz y las aristas (Patricia Nasello)</title><link>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/la-luz-y-las-aristas-patricia-nasello/</link> <comments>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/la-luz-y-las-aristas-patricia-nasello/#comments</comments> <pubDate>Mon, 19 Dec 2011 18:55:16 +0000</pubDate> <dc:creator>Arte Libertino</dc:creator> <category><![CDATA[Cuentos de Navidad]]></category> <category><![CDATA[Relatos]]></category> <category><![CDATA[Aristas]]></category> <category><![CDATA[Cuentos]]></category> <category><![CDATA[Luz]]></category> <category><![CDATA[Nasello]]></category> <category><![CDATA[Navidad]]></category> <category><![CDATA[Patricia]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://www.artelibertino.com/magazine/?p=3027</guid> <description><![CDATA[Se subió a la silla, bajó el pino de la baulera y lo puso sobre la mesa del comedor. Yo [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p
style="text-align: justify;"><a
href="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/La-luz-y-las-aristas.png"><img
class="alignnone size-full wp-image-3103" title="La-luz-y-las-aristas" src="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/La-luz-y-las-aristas.png" alt="" width="480" height="180" /></a></p><p
style="text-align: justify;">Se subió a la silla, bajó el pino de la baulera y lo puso sobre la mesa del comedor. Yo le dije, es muy chico, va a quedar mejor encima del piano. Pero no me escuchó, lo miraba como un juez. Salió de la casa sin dar explicaciones, regresó con varias bolsas llenas de adornos nuevos para el pino viejo. Y un pesebre de plástico. Por eso la navidad del año pasado olía a juguete —recuerda.</p><p
style="text-align: justify;">A través de la ventana mira ansiosa hacia la calle. Todas las tardes se distrae observando a los turistas que pasan camino al río. Todas las tardes excepto hoy.</p><p
style="text-align: justify;">Vuelve los ojos hacia la habitación y comprueba lo que ya sabe: está sola. Cuenta los meses de soledad marcándolos con los dedos. Siete, desde junio. Junio fue el mes de las ofensas, de los reproches y los gritos.</p><p
style="text-align: justify;">—El dolor no se termina, sólo cambia de forma —dice en voz alta.</p><p
style="text-align: justify;">Este veinticinco de diciembre la encuentra sin pino y sin pesebre. Extraña el Niño Dios de porcelana que mucho tiempo atrás le regalara su abuela, pero decide que ya es tarde para buscarlo.</p><p
style="text-align: justify;">Escucha pasos que se acercan por la vereda, durante unos momentos contiene la respiración, vuelve a creer, pero el caminante no se detiene en su puerta. Comprende que no debe demorarse, esperar imposibles puede ser peligroso. Toma el teléfono y pide un taxi.</p><p
style="text-align: justify;">El auto está esperándola. En el momento que va a tomar un bolso para abandonar la casa, una imagen acude nítida a su memoria, entonces, con gesto torpe, abre un armario. Al fondo del tercer estante, allí está el Niño. Lo besa, le ruega su protección y lo coloca sobre el piano.</p><p
style="text-align: justify;">El taxista la ayuda a subir al coche.</p><p
style="text-align: justify;">—¿Hacia dónde? —la voz del hombre, sin urgencias.</p><p
style="text-align: justify;">Los rasgos de ella están contraídos y sus manos húmedas se cierran con fuerza contra el pequeño equipaje, sin embargo la mirada está limpia, llena de luz.</p><p
style="text-align: justify;">—Al hospital, ya nace mi hijo.</p><p><a
href="http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/la-luz-y-las-aristas-patricia-nasello/olympus-digital-camera-4/" rel="attachment wp-att-3034"><img
class="aligncenter size-large wp-image-3034" title="OLYMPUS DIGITAL CAMERA" src="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/P-Klee-La-luz-y-las-aristas-4-494x361.jpg" alt="" width="494" height="361" /></a></p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p
align="right"><span
style="color: #888888;">“La luz y las aristas”</span></p><p
align="right"><span
style="color: #888888;">Paul Klee</span></p><p
align="right"><span
style="color: #888888;">(pintura de acuarela sobre papel montada en cartón)</span></p><p
align="right"><span
style="color: #888888;">1935</span></p><p
align="right"><span
style="color: #888888;">Fundación Klee, Kunstmuseum, Berna.  </span></p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/la-luz-y-las-aristas-patricia-nasello/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Ángeles y Estrellas (Bee Borjas)</title><link>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/angeles-y-estrellas-bee-borjas/</link> <comments>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/angeles-y-estrellas-bee-borjas/#comments</comments> <pubDate>Mon, 19 Dec 2011 18:54:17 +0000</pubDate> <dc:creator>Arte Libertino</dc:creator> <category><![CDATA[Cuentos de Navidad]]></category> <category><![CDATA[Relatos]]></category> <category><![CDATA[Angeles]]></category> <category><![CDATA[Arte]]></category> <category><![CDATA[Bee]]></category> <category><![CDATA[Borjas]]></category> <category><![CDATA[Cuentos]]></category> <category><![CDATA[Estrellas]]></category> <category><![CDATA[Navidad]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://www.artelibertino.com/magazine/?p=3026</guid> <description><![CDATA[De pronto, el oscuro cielo se había iluminado por completo. Los sonidos de la noche claudicaron y un silencio respetuoso se [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p><a
href="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/ANGELES-Y-ESTRELLAS.png"><img
class="alignnone size-full wp-image-3101" title="ANGELES-Y-ESTRELLAS" src="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/ANGELES-Y-ESTRELLAS.png" alt="" width="480" height="180" /></a></p><p>De pronto, el oscuro cielo se había iluminado por completo. Los sonidos de la noche claudicaron y un silencio respetuoso se apoderó del lugar. Tendidos bajo la luz de la luna, sonrieron asombrados ante la belleza de aquel espectáculo.</p><p>-¿Qué son abuelo? –preguntó Milagros con ansiedad.</p><p>El anciano miró a su nieta con entrañable ternura y sin vacilar, aseguró:</p><p>-Son ángeles guardianes que bajan a la tierra para cuidar al Niño Jesús.</p><p>Un resplandor de ilusión brilló en los oscuros ojos de la niña, quien con voz tenue susurró:</p><p>-Ángeles de la Guarda…</p><p>&nbsp;</p><p>A pocos kilómetros de allí, el comunicado del Centro Nacional de Astronomía, emitió un informe especial.</p><p><em>&#8220;Las Gemínidas, partículas de un cometa que se disuelven al ingresar en la atmósfera, </em><em>atravesaron el espacio terrestre a las 12.00 de la noche.&#8221;</em></p><p>&nbsp;</p><p>El vocero de turno, acostumbrado a la observación de aquella clase de episodios, suspiró habituado:</p><p>-Estrellas fugaces…</p><p>&nbsp;</p><p
style="text-align: right;"><span
style="color: #808080;">Más allá de las creencias personales y sin distinción de razas y religiones, </span></p><p
style="text-align: right;"><span
style="color: #808080;">les deseo de corazón  a todos los lectores y a la gran familia de Arte Libertino, </span></p><p
style="text-align: right;"><span
style="color: #808080;">todo el bienestar y la </span><span
class="Apple-style-span" style="color: #808080;">felicidad del mundo.</span></p><p
style="text-align: right;"><span
style="color: #808080;">Con cariño,</span></p><p
style="text-align: right;"><span
style="color: #808080;">Bee Borjas.-</span></p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/angeles-y-estrellas-bee-borjas/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Mos maiorum (Carlos Miguel García Jané)</title><link>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/mos-maiorum-carlos-miguel-garcia-jane/</link> <comments>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/mos-maiorum-carlos-miguel-garcia-jane/#comments</comments> <pubDate>Mon, 19 Dec 2011 18:50:59 +0000</pubDate> <dc:creator>Arte Libertino</dc:creator> <category><![CDATA[Cuentos de Navidad]]></category> <category><![CDATA[Relatos]]></category> <category><![CDATA[Carlos]]></category> <category><![CDATA[Cuentos]]></category> <category><![CDATA[Garcia]]></category> <category><![CDATA[Jane]]></category> <category><![CDATA[Miguel]]></category> <category><![CDATA[Navidad]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://www.artelibertino.com/magazine/?p=3025</guid> <description><![CDATA[Toda vida bien vivida exige una muerte digna. Una buena historia acaba en cambio con una muerte infame. La muerte [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p
style="text-align: justify;"><a
href="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/Mos-maiorum.png"><img
class="alignnone size-full wp-image-3095" title="Mos-maiorum" src="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/Mos-maiorum.png" alt="" width="480" height="180" /></a></p><p
style="text-align: justify;">Toda vida bien vivida exige una muerte digna. Una buena historia acaba en cambio con una muerte infame. La muerte de María M. llegó pasadas las navidades y el año nuevo, un largo enero y un aún más immutable febrero hasta que el último frío se convirtió en sol al mediodía y una risa amable de niño esperando en el andén del tren a la costa y al barrio del puerto. Entonces María M. se dio cuenta de que tras febrero llega marzo y hambre y tras abril llega viento y mierda y tras mayo llega sed y peste y tras junio calor y pena y tras julio soledad y pereza y tras agosto dolor y tristeza y así hasta llegar de nuevo a navidad y año nuevo. Pero María M. no vivió para ver amanecer más soles ni ver sonreir a sus propios hijos.</p><p
style="text-align: justify;">María M. murió sola bajo las ruedas del tren que iba a la costa, tren que tomaba a diario. María M. murió como siempre había vivido: atropellada, violentada, violada. Vivió tiempos dificiles. Vivió tiempos de guerra en una provincia olvidada por el tiempo y la codicia. Sin la gloria de encontrarse entre los victoriosos ni la virtud de pertenecer a sociedad ni familia casta, a María M. no le quedó otra que fingir embarazos y esconder bajo sus faldas artículos de contrabando, víveres, cosas muy necesarias, leche condensada, nueces. María no podía sino fingir que no tenía hijas ni hijos, esconderlos en casa, alimentarlos a tientas, educarlos a garrotadas de compasión y pena con los libros que su abuelo dejara atrás. Todo lo presente pertenece al pasado. Todo lo que sucede sucede en el pasado. María M. no vive una vida sino que la lleva a cuestas. María M., estraperlista, mantenía de esa manera una familia de muchos y muchas más bocas de familias de otros. Muchas tostadas secas. Mucha sopa aguada.</p><p
style="text-align: justify;">María M. había escuchado en diversas ocasiones historias de mujeres embarazadas que tomaban el tren a la costa pronto por la mañana, incluso a veces más de un viaje al día. De repente, un buen día, alguna desaparecía. Se rumoreaba que quedaban embarazadas por marineros de otras aguas, que era por eso que cada día paseaban sus encantos por bahías y playas desiertas los mediodías de marzo contra el gris del mar Atlántico, que por esa razón cada día acudían al encuentro de un amante nuevo, de un pescador, o de su amante, tanto da. Embarazo de un sólo día. Es por eso que llegaban soñolientas y regresaban entristecidas. El amor o nunca llegaba o pasaba de largo y de él tan sólo quedaba el polvo de las vías y el silbato de partida riéndose de nuestro retraso. Todo tren llega tarde para unos, pronto para otros, nunca para muchos. El tren siempre, sin embargo, puntual como el hambre. El suyo era, pero, el cuento de la lechera. Sísifo hecho lechera. Una vez ídas a nadie se le ocurría buscar bajo las ruedas, lugar donde sólo mierda cabía, perros perdidos y gatos muertos. Ratas. Una vez ídas a nadie se le ocurría buscar al final del puerto, donde las olas contra las rocas chocan. Esos son lugares secretos. Ahí es donde esas mujeres parían el embarazo del silencio, los ojos caídos, la boca llena de disgustos, los ojos llorosos y abultados, llenos de rencor, sal y carbón.</p><p
style="text-align: justify;">Dos generaciones me separan de María M. Por navidad nos leemos cuentos los unos a los otros. Nos acordamos de lo sucedido un año ha, dos años ha, y aun más allá del ahora y del entonces. Escuchamos las historias de mi madre que son historias de su madre que son las historias de su abuela, y aun más. María M. ya casi no se nombra. María M. no se recuerda. María M. no tiene rostro. A María M. me la imagino con un delantal azul como gris es el Atlántico norte, con la sonrisa alegre de quien pone un plato de sopa a la mesa y bromea un instante para que nadie se queme la lengua , diciendo que antes de sorber la sopa hay que pensar en las nubes que en el horizonte se forman y soplar para que se vayan lejos, muy lejos, y dibujar un beso en los labios que espante con un soplido el frío, y esperar resignados el regreso de los pescadores que tan lejos quedan del puerto. Una de los niñas sopla tan fuerte que las velas se apagan. Entonces sólo se escucha el rechinar de las cucharas, el sorbido de las sopas y el silbido del viento que reivindica las ventanas. María M., la casa a oscuras, la familia atenta, canta surrurrando una canción de las de antes.</p><p
style="text-align: justify;">Canta como un niño, lloroso y añorado, echa de menos a un padre pescador en un mar desierto de peces y a una madre estraperlista en una tierra de frutos falta. Canta como el niño resuelto a recuperar una niñez jamás vivida sopla un susurro apenas para así sorber la sopa. Canta como el niño envalentonado, enfrentado a las olas, sopla tan fuerte que no sólo espanta las nubes, sino que se lleva consigo el viento y, con éste, los barcos de los pescadores, las velas llenas de odio.</p><p
style="text-align: justify;">Una de las hijas de María M. discute que quizás las velas no estén llenas de odio, sino de esperanza. María M., vieja entonces a su pronta edad todavía, aconseja sabia que los dioses castigan con condena eterna  a los entusiasmados, a los endiosados, a los esperanzados, a los que odian, a los que codician. Los dioses, en cambio, conceden una muerte digna, a aquellos que aventuran que aquella vida es suya, que dios quizás sea testigo pero no rival.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/mos-maiorum-carlos-miguel-garcia-jane/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Los Justos Seran Los Primeros</title><link>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/3080/</link> <comments>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/3080/#comments</comments> <pubDate>Mon, 19 Dec 2011 15:39:38 +0000</pubDate> <dc:creator>Arte Libertino</dc:creator> <category><![CDATA[Fabian Santa]]></category> <category><![CDATA[Opinion]]></category> <category><![CDATA[Fabian]]></category> <category><![CDATA[Santa]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://www.artelibertino.com/magazine/?p=3080</guid> <description><![CDATA[El día de ayer debí permanecer más de ocho horas en una entidad de salud solicitando unos documentos para el [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p
style="text-align: justify;"><a
href="http://www.artelibertino.com/magazine/2011/07/opinion-fabian-santa/opfabiansanta-2/" rel="attachment wp-att-1972"><img
class="aligncenter size-full wp-image-1972" title="opFabianSanta" src="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/opFabianSanta1.png" alt="" width="480" height="180" /></a></p><p
style="text-align: justify;">El día de ayer debí permanecer más de ocho horas en una entidad de salud solicitando unos documentos para el trámite de mi contrato.  “Para que le demos una certificación, consigne esta cantidad, joven”.  Fui a tres bancos diferentes.  En ninguno conocían el número de cuenta de la entidad.  Llamé a los números que aparecen en el directorio pero me contestó una grabación muy molesta hablando de la celeridad del servicio y demás virtudes de la atención al cliente.  Ahora bien, lo primordial para mí era el tiempo teniendo en cuenta que supuestamente, regresaría en un par de horas a la oficina, pero viéndome imposibilitado para obtener atención en un banco, debí dirigirme a una cooperativa financiera muy conocida por sus terribles demoras.  De manera que llegué, totalmente sorprendido al ver semejante cosa.  “¡Dios de los cielos!” grité al ver la fila.  Hombres, mujeres y niños debían aparcarse en la esquina de la calle esperando su turno.  “¿Hay algo en lo que no se deba hacer fila en Colombia?” dije en voz alta.  La gente me miró fastidiada.</p><p
style="text-align: justify;">¡El sol! 33 grados sin sombra.  Una señora se tambaleó en su puesto.  Alguien la agarró antes de que cayera.  12:45 PM.  No se movía nadie.  La señora permanecía sentada o inconsciente o muerta.  Lo ignoro.  Si de algo estoy seguro es de esto: cuando regresé de almorzar, veinte personas aguardaban su turno.  Me ubiqué en el último puesto pendiente de la hora: 1:30 PM.  No avanzaban.  Esperé y esperé y lo hice quejándome en voz alta.  Alguien me insultó.  No quise preguntar la procedencia del insulto habida cuenta de la expresión de maldad en el rostro de todos los presentes.  Finalmente llegué a la caja y pagué.  “Diríjase por favor a la oficina (…)” me dijo la señorita.  Así lo hice.  Regresé a la instalación donde debí hacer una nueva fila de 45 minutos.  “¿Usted todavía aquí?” preguntó la joven que me atendió en la mañana.  “Si hay una fila entonces sí, continúo en Colombia” respondí.</p><p
style="text-align: justify;">Pagué lo que me pidieron: dos cuartas partes de mi sueldo a la EPS (entidad promotora de salud) en la cual no coticé durante los meses anteriores por falta de trabajo y obviamente, de dinero.  Dos cuartas partes de mi sueldo por un servicio que no recibí.  Pero de necesitar una curación o lo que fuera, ¿entonces qué? ¡Pues nada! Sin un centavo en el bolsillo, resultaría debiendo una millonada.  Es cierto, con la cabeza abierta o una pierna rota, debían atenderme, eso por mandato de ley.  Pero luego qué.  ¿Cuánto debería pagarles una vez me encontrara mejor? ¡Una, dos, tres millonadas! Sin dinero en los bolsillos, trabajo o lo que sea: ¿cómo se puede pagar por algo que no se recibió y mucho menos, cuando no se cuenta con los medios para hacerlo? Sin embargo no me partí una pierna.  No me dio cáncer.  No padecí de un dolor de muelas.  No podía darme el lujo.  Sabía que no cotizaba salud y por consiguiente, tenía en claro que no era merecedor del servicio.  Pero ¡oh instituciones colombianas!, ¿cuánto les debo por algo que no obtuve? ¡La mitad de mi sueldo! Como un banco: interese por mora, inactivación del sistema: “Señorita, vengo a pagar mi pensión y salud de este mes en base a mi nuevo contrato” le dije a quien me atendió.  “Primero debe pagar lo que debe”.  Así lo hice: trámites interminables, filas y filas de pobres diablos pagando lo que no tienen para acceder a la salud, intereses de mora, gente detrás de ventanillas enviándote a otra fila para que te repitan lo mismo que en la anterior.  No tener trabajo es malo por aquello de carecer de lo mínimo para subsistir y dar de comer a los tuyos, pero conseguir un contrato y pagar la cuarta parte del valor del mismo para recibir atención médica y cotizar una pensión que la recibirán quienes lleguen a la edad de Matusalén, es una mutilación a las posibilidades de cada persona de aspirar a una mejor calidad de vida.  Lo mínimo para no morirse de hambre.  A eso se puede acceder.  ¿Y los pobres, los pobres de verdad? ¡Bah! Se arrastran por las calles ante nuestra mirada indiferente.  Pero no quisiera ahondar en ese tema ahora.  Después de todo, no soy ni mejor ni peor que la mayoría.  Aunque no soy una maravilla.  Pero tampoco lo son ustedes.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/3080/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Vencer el miedo (Patricia Nasello)</title><link>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/vencer-el-miedo/</link> <comments>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/vencer-el-miedo/#comments</comments> <pubDate>Mon, 19 Dec 2011 15:36:19 +0000</pubDate> <dc:creator>Arte Libertino</dc:creator> <category><![CDATA[Opinion]]></category> <category><![CDATA[Patricia Nasello]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://www.artelibertino.com/magazine/?p=3076</guid> <description><![CDATA[“Con este fantasmal librito he procurado despertar el espíritu de una idea, sin que provocara en mis lectores malestar consigo [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p
style="text-align: justify;"><a
href="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/Vencer-el-miedo.png"><img
class="alignnone size-full wp-image-3106" title="Vencer-el-miedo" src="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/Vencer-el-miedo.png" alt="" width="480" height="180" /></a></p><p
style="text-align: justify;"><em>“Con este fantasmal librito he procurado despertar el espíritu de una idea, sin que provocara en mis lectores malestar consigo mismos, con los otros, con estos días de fiesta, ni conmigo. Ojalá alegre sus hogares y nadie sienta deseos de verlo desaparecer”.</em></p><p
style="text-align: justify;">Buen deseo con el que Charles Dickens (1812 – 1870), a modo de prefacio, abre una de sus novelas, nouvelle diríamos más apropiadamente, ‘Cuento de Navidad’, también conocida como ‘Canción de Navidad’. De todas las ficciones acerca de este festejo y conmemoración, ésta, de éxito inmediato, quizá sea la más famosa.  Ahorraremos al lector de la presente columna una síntesis de la trama que, se descuenta, conoce de sobra. Resaltaremos, sí, que fue llevada tanto al cine como a la televisión —con, incluso, versiones animadas en ambos medios— innumerables veces, del mismo modo que al teatro —donde también fue representada como comedia musical—.</p><p
style="text-align: justify;">“<em>Viendo cómo caía desmayadamente la enorme y sucia nube oscureciendo todo, se hubiera pensado que la Naturaleza habitaba por allí cerca y en ese momento se encontraba elaborando cerveza en gran escala”.</em></p><p
style="text-align: justify;">Cuento de Navidad contiene todas las características que hacen a la obra de su autor, por ejemplo, un contenido metafórico sobresaliente como el que acabamos de leer. La  personificación de la naturaleza a través del uso de mayúscula, no es casual. El clima y los distintos escenarios que acompañan el devenir del argumento, son tratados con el cuidado que corresponde a un personaje cuya importancia es relevante. El respeto por el entorno es parte constituyente de la gran sensibilidad de Dickens, sensibilidad que, a la hora de escribir, le acarreó no pocas críticas.</p><p
style="text-align: justify;">“<em>Cierto también es que Scrooge tenía tan poco de eso que se llama fantasía como cualquier hombre en la City de Londres, incluyendo —que ya es decir— la corporación municipal, los concejales y los miembros de la Cámara de Gremios”.</em></p><p
style="text-align: justify;">Parte destacable de esa sensibilidad a la que hacíamos referencia es la social. Habiendo sido un niño, como tantos en aquella dura época victoriana, obligado a trabajar en una fábrica desde muy temprana edad, nuestro escritor desprecia la injusticia evidente de la sociedad que lo alberga y a aquellos que la perpetúan: el aristócrata o burgués sin conciencia y los gobiernos que medran en tan miserable carencia. Cerca del final de la primera estrofa —recordemos que así es como está dividido el libro, no en capítulos— Scrooge, el protagonista, se asoma a una ventana y ve pasar fantasmas en pena:</p><p
style="text-align: justify;"><em>“Todos llevaban cadenas …unos cuantos (tal vez gobiernos culpables) iban encadenados e grupo”.</em></p><p
style="text-align: justify;">Y aún va más allá.  En el final de la tercera estrofa personifica a la Ignorancia y a la Necesidad como dos niños que claman al cielo contra los hombres que son sus progenitores. El Espíritu de la Navidad Presente, quien guía a Scrooge por esos momentos, advierte —a Srooge y a quien lea atentamente— acerca de los riesgos que entraña sacar rédito de tal indefensión:</p><p
style="text-align: justify;"><em>“…empeóralo todavía más. ¡Y aguarda el final!”</em></p><p
style="text-align: justify;">A pesar de tener su origen en un hogar en el que sobraban las desdichas, Dickens apuesta, con esa responsabilidad suya hacia todo asunto humano, a la unión familiar. Abundan las citas en las que hace referencia a permanecer unidos, abuelos padres y nietos, aunque la enfermedad y la pobreza muerdan con ferocidad. Unidos y felices porque es esa unión la que llama a la dicha.</p><p
style="text-align: justify;"><em>“Un hombre muy viejo y una mujer, con sus hijos y los hijos de sus hijos, y otra generación posterior… El viejo, con una voz que apenas sobrepasaba el ulular del viento en la yerma extensión, les cantaba un villancico que ya era muy antiguo cuando él había sido niño, y de vez en cuando todos le acompañaban a coro. Cuando los demás unían sus voces, la del viejo se volvía más alegre y potente…”</em></p><p
style="text-align: justify;">Dickens sabía que una familia es una institución disfuncional, haber sufrido en carne propia tal disfuncionalidad no alcanzó, sin embargo, para volverlo contra ella. Confiaba y deseaba  que los seres humanos, aunque fuese una sola vez al año, nos reuniésemos a cantar, a jugar, a tolerar el bullicio de la niñez (de lo que él supo pues tuvo 10 hijos), a valorar y alabar con palabras que todos oigan el trabajo aún hoy menospreciado de la esforzada ama de casa, a compartir con dicha, con benevolencia, lo poco. Benevolencia, familia, amistad, aún en la distancia:</p><p
style="text-align: justify;"><em>“Y todo hombre a bordo, despierto o dormido, bueno o malo, había tenido una palabra más amable para los demás en ese día que en cualquier otro día del año; y había compartido en alguna medida el festejo; y había recordado a sus seres queridos, y había sabido que ellos se acordaban de él”.</em></p><p
style="text-align: justify;"><em>“Tienes demasiado miedo al  mundo”</em> dice a Scrooge una novia que pierde a temprana edad —lo abandona— por causa de su avaricia. Será viejo cuando, para su bien, comprenda que <em>“…Es una ley de la compensación justa, equitativa y saludable, que así como hay contagio en la enfermedad y las penas, nada en el mundo resulta más contagioso que la risa y el buen humor”</em></p><p
style="text-align: justify;"><em> </em></p><p
style="text-align: justify;">Comenzando la segunda estrofa, al hablar del <em>“visitante ultraterrenal”</em> que visita a Scrooge, Dickens se dirige al lector:</p><p
style="text-align: justify;"><em>“Estaba tan cerca de él como yo lo estoy de ti, lector, y créeme que, en espíritu, estoy a tu lado”.</em></p><p
style="text-align: justify;">Así lo siento, Señor Dickens. Así lo siento.<em> </em></p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/vencer-el-miedo/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Dayana Grajales</title><link>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/dayana-grajales/</link> <comments>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/dayana-grajales/#comments</comments> <pubDate>Sat, 17 Dec 2011 20:20:57 +0000</pubDate> <dc:creator>Arte Libertino</dc:creator> <category><![CDATA[Literatura]]></category> <category><![CDATA[Arte]]></category> <category><![CDATA[Dayana]]></category> <category><![CDATA[Grajales]]></category> <category><![CDATA[Poesia]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://www.artelibertino.com/magazine/?p=3048</guid> <description><![CDATA[Por: Ana María Lenis Restrepo Cuando conocí a Dayana Grajales supe que era un ser atormentado por las palabras, perseguido [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p
style="text-align: right;"><a
href="http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/dayana-grajales/dayana-grajales3/" rel="attachment wp-att-3049"><img
class="aligncenter size-large wp-image-3049" title="Dayana Grajales3" src="http://www.artelibertino.com/magazine/wp-content/uploads/Dayana-Grajales3-330x494.jpg" alt="" width="330" height="494" /></a></p><p
style="text-align: right;"><span
style="color: #888888;">Por: Ana María Lenis Restrepo</span></p><p
style="text-align: justify;">Cuando conocí a Dayana Grajales supe que era un ser atormentado por las palabras, perseguido por la sensibilidad para expresarse, agobiada por la figura para darle forma a las letras que mostraran la transparencia de sus emociones, de sus vivencia. Y es que escribir es un viaje, pero no un viaje maravilloso como todos piensan, es como un infierno que agobia, es tu vida y la de los demás pidiendo ser expresada; rogando por convertirse en letras y eso, justo eso, es lo que sabe hacer Dayana, sabe convertirnos a todos en letras, expresarnos en palabras, recrearnos en frases, reinventarnos en poemas, describirnos en párrafos. Las letras de Dayana Grajales son una mezcla infinita de sensibilidad y tacto, de honestidad y crudeza que me ha hecho seguirla paso a paso en cada uno de sus escritos.</p><p
style="text-align: justify;">En ocasiones, cuando leo a Dayana, siento que estoy leyendo mis emociones convertidas en palabras; ella tiene esa capacidad, esa sensibilidad. Desde que leí sus primeros poemas me enamoré de ellos, sentí como si pudiera resaltaran apartes de mi vida; amé cada recorrido de sus palabras al encontrarme en ellas. Sentirse identificado en palabras escritas por otros, con otro fin, termina siempre por darle sentido a la vida. He amado cada palabra y tengo como hábito el leerlas y releerlas, pues no siempre hablan de lo mismo, los escritos de Dayana tienen esa versatilidad; logran cambiar con los momentos.</p><p
style="text-align: justify;">La vida del escritor es un viaje constante al interior de sí mismo y de aquellos que lo rodean, es lograr el equilibrio exacto entre su ser interior y el mundo exterior. Esa sensación de equilibrio ha sido para mí transmisora de paz, una paz que siento cuando me busco y me encuentro en cada palabra escrita por Dayana Grajales.</p><p
style="text-align: center;"><strong>Sin voz y sin vos</strong></p><p
style="text-align: center;">(Dayana Grajales)</p><p
style="text-align: center;"><strong> </strong><em
style="text-align: center;">Sin más ojos que me entiendan</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin más frases ni poemas</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin ideas fijas</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin amada, ni amante, ni amansadora, ni amarradero ni ambición. </em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin nada entre mis manos</em></p><p
style="text-align: center;"><em>No osadas hormonas frustrando mi espacio tranquilo</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin una puta disfrazada de diosa concediendo deseos.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin más consuelo que las caricias de una canción</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin depredadora que haga con mi carne un buffet</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin un discurso hostigante en los labios de una mujer cabreada.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin deseo agarrado de mi vientre</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Ni fuego que queme mi soledad, ni besos de cabello largo.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin tiempo para que me entiendas</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin teléfono para pedir perdón</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin suerte, sin resaca, sin vergüenza, </em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin doncellas caminando a mi lado</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin ella coronada de milagro</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin mi “queriéndote”</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin pecados asesinando mi ebria conciencia</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin nada que justifique estas ojeras</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin gritos castigando mis nocturnas frustraciones </em></p><p
style="text-align: center;"><em>Ni traidoras cubriendo este exilio</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin nada</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin mí</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sin vos.</em></p><p
style="text-align: center;">*********</p><p
style="text-align: center;"><strong>La Toqué Tanta Veces</strong></p><p
style="text-align: center;">(Dayana Grajales)</p><p
style="text-align: center;"><em>La toqué tantas veces,</em></p><p
style="text-align: center;"><em>La busqué, la sentí, la viví,</em></p><p
style="text-align: center;"><em>La seduje, la cortejé, la amé con cada parte de mi cuerpo,</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Con cada célula, con tantas ganas, con tanta fe.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>La  rocé tantas veces,</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Me miraba como si en mis ojos viera el infinito.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Me besaba como si mis labios fueran a abandonarla,</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Me abrazaba sin ganas de soltarme.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Anoche me amó como cada noche,</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Me quedé dormida en sus brazos,</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Con el sabor de sus pezones en mi boca,</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Con su cadera apretando mi vientre.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Está mañana desperté;</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Sentí que la amaba, como siempre,</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En silencio y soledad absoluta,</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Enredada entre  sabanas frías, suspiros</em></p><p
style="text-align: center;"><em>Y con mi mano,  y haciendo las veces de vos.</em></p><p
style="text-align: center;">*********</p><p
style="text-align: center;"><p
style="text-align: center;"><strong>Polvo contra polvo.</strong></p><p
style="text-align: center;">(Dayana Grajales)</p><p
style="text-align: center;"> <em>En uno se sopla, en otro se moja.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno se sufre, en otro se gimotea.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno culminas, en otro acabas.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno te vas, en otro te vienes.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno concluyes, en otro terminas.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno te alejas, en otro te acercas.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno es eterno, en otro de segundos.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno te entierran, en otro te penetran.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno te eternizas, en otro te olvidan.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno se llora, en otro se goza.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno se incinera, en otro se suda.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno da crisis, en otro da espasmos.</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En uno,  el polvo que seremos,</em></p><p
style="text-align: center;"><em>En otro, el polvo que somos.</em></p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.artelibertino.com/magazine/2011/12/dayana-grajales/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> </channel> </rss>
