Huelga Muda (Salomon Blanco)

Por: Salomón Blanco

@SaloBlanco

Montería

Alguien tenía que dejarse vapulear para romper con la omisión franciscana con la que han venido actuando las academias de periodismo y comunicación. Es cuestionable la renuncia del profesor Jiménez (@Bocasdeceniza) teniendo en cuenta que no logró comunicarse con sus pupilos siendo él un ilustrado de la comunicación. No se avergüenza en revelar que fumaba marihuana como un desalmado, ni se acongoja en aceptar que perdió el semestre, los estribos, la paciencia, la sintaxis y la cohesión de su clase; que no logró amainar ese ruido, como le llaman a la barrera entre el emisor y el receptor.

¿Por qué falló el comunicador en su comunión? Porque las academias no han querido salir del aula. Las universidades se han dado a la tarea de “fabricar” profesionales que espichen la tecla que la industria necesita que espichen, y no profesionales que entiendan y le entreguen a la sociedad resultados verdaderamente atractivos. La academia ha desconocido que la comunicación va desde el silencio más visceral, hasta el heavy metal más absurdo, pasando por la fotografía y la prostitución.

La comunicación es partirse la cabeza con el frenético de Habermas, después de pasar por Dimitar Inkiow, amar y odiar a Cohelo en un suspiro y darse cuenta que cualquier cosa que esté puesta en el mundo tiene el potencial para  decirnos, sencillamente, algo.

 A la academia se le olvidó preguntarle a sus inscritos si estaban dispuestos a decodificar esas historias del más allá y moldearlas con el rigor de los “viejos” métodos, que le han servido tanto a Talese como a Gossain y plasmarlas en los nuevos medios. La comunicación es dialéctica y es ahí donde la blogosfera y sus empíricos le ganan la pelea a las tradicionales y respetadas industrias de la información. A la academia de comunicación y periodismo se le “olvidó” escuchar a esos muchachos veinteañeros que hoy hacen una huelga muda.