Teatro (London Dry Opera Company)

Gerald Thomas y “Throats”, cuando la ceguera se vuelve teatro

London Dry opera Company es la tercera compañía de teatro contemporáneo que el reconocido director y escritor Gerald Thomas ha instalado en el mundo, esta vez en la capital inglesa. Throats (Gargantas), fue la obra con la que hizo su debut el pasado 18 de febrero en el Teatro Pleasance, en el barrio Islington.

El trabajo de Thomas y sus Dry Opera Companies le han dado la vuelta al mundo, pero su mayor y más exitosa base ha sido la brasilera. Con ella se creó un nombre, batió records de taquilla y deslumbró a unos y ofendió a otros con obras como Tristan e Isolda, en donde Sigmund Freud cumple un papel esencial en la tragedia.

Esta vez, después de dejar funcionando en forma la compañía teatral en Brasil, y después de establecer una en Nueva york, el creador regresa a su país natal para también dejar en esta ciudad su reconocida marca. Esto lo ha hecho sin dejar de lado totalmente la colaboración iberoamericana: a su lado trabaja el brasilero Victor Esses como Director Asistente, y la actriz portuguesa Maria de Lima.

Throats, caos provocador de ideas

Sólo un mundo tan caótico absurdo e insensible como en el que vivimos podría haber producido una obra como Throats (Gargantas). La obra inaugural de la London Dry Opera Company aparece a simple vista como una puesta en escena de la absurdidad continua que nunca llega a esclarecerse.

Sí, la obra tiene una historia confusa que nunca  llega a conformarse con claridad en ningún punto, pero se las arregla para que cada movimiento o línea contenga una intención de golpear al espectador y hacerlo pensar. ¿Pensar sobre qué? Sobre esa misma sociedad que es capaz de producir esta pieza de teatro.

Vemos a diferentes personajes que en primera estancia parecieran no tener nada que ver el uno con el otro, compartiendo la misma mesa, en donde un mesero cuya cabeza continuamente chorrea sangre, los sirve servicialmente.

Se mencionan los atentados del 11 de septiembre de 2001, se tocan temas religiosos al crucificar por momentos a todos los que están en escena, incluido a un judío ortodoxo negro. La intolerancia y la pasión ciega de los seres humanos también entran en juego, al igual que la discriminación racial, cuando la actriz María de Lima, en personaje, se pregunta insistentemente por qué no es sospechosa si es extranjera.

Quizá la idea más prominente de la obra es nuestra indiferencia ante las atrocidades y absurdidades de este mundo contemporáneo. Los actores beben un vino que es al mismo tiempo sangre derramada; se emborrachan con ella y siguen indolentes ante la violencia que los rodea. Varios de ellos, en diferentes momentos, hacen alusión a su propia ceguera y a la de los demás.

La obra trata de cubrir muchos temas y llega a ser difícil de digerir, no sólo por la falta de una historia, sino también por la cantidad de cuestiones  que quiere tratar, lo que lleva a que sólo se enuncien las ideas. A pesar de la confusión, se nota que este esquema de la pieza teatral está hecho a propósito para generar incomodidad, chocar a la audiencia y tal vez, sembrar una idea.

En un momento uno de los actores dice que el teatro es una cámara de tortura. Así se siente ver Throats, quizá porque hay demasiados temas densos en tan sólo dos horas, o quizá porque nosotros mismos no soportamos vernos reflejados en ese grupo de actores que se regocijan en la vida mientras son ciegos a la tragedia y la violencia que los rodea.

Puede que Throats no sea para todos los gustos, y menos aún, que sea una obra remarcable. Sin embargo, la incomodidad generada desde esas tablas, deja mucho que pensar. De pronto desde el escenario Thomas no sólo quiere enviarnos un mensaje, puede ser que el director busque que sus espectadores consigan lo que sus actores no logran durante la duración de la representación: por fin, dejar de estar ciegos.