El Alma de Vincent

Apenas era una niña de 10 años cuando por primera vez, vi Arles.

Las mesas del café y las estrellas titilando en lo alto. Pude percibir con absoluto placer la calidez de la noche. La bohemia francesa desplegó su encanto frente a mis infantiles ojos, que asombrados, descubrieron con certeza que algún día yo iba a estar allí.

Le pregunté a mi padre y él sonriendo mencionó las palabras claves.

“Café de noche” de Vincent Van Gogh.

En ese momento comprendí lo que significaba aquella trillada frase de “amar a primera vista” o mejor dicho “experimentar admiración a primera vista”

Vincent es eso. Pasión, locura, furia, éxtasis. También es frustración, desasosiego, desamor e inclusive tragedia.

Es ni más ni menos la representación vívida de la búsqueda constante. Del intentar ir más allá y de anhelar hasta la desesperación, capturar cada momento de la realidad y transmitir toda su energía, su intensidad y no escatimar esfuerzos para lograrlo.

Nunca vi girasoles tan vivos, ni aves tan negras que auguraban su trágico final.

“Las pinturas tienen una vida propia que nace del alma del pintor” escribió Vincent a su hermano Theo.

Y creo que allí está la clave. Cualquier manifestación artística, basada o no en la realidad, tiene un factor en común que es sin duda, el alma del autor.

Es esa pulsión que nos lleva a inventar mundos imaginarios o a describir situaciones cotidianas, que no pueden escapar de nuestra impronta marcada a fuego por el hambriento espíritu creativo que nos consume el alma.

Es la necesidad de superar los niveles de percepción evidentes, y rascar con ansias la superficie de las cosas y descubrir el nudo intrínseco que anida en cada una de ellas.

Vincent fue un gran ejemplo de ello. Redujo sus pinceladas, llegó a la síntesis del trazo y utilizó los colores más básicos, con el deseo imperioso de plasmar cada instante de vida.

Creo que nunca imaginó que su obsesión iba a impactar de manera tan extraordinaria en la existencia de millones de personas.

Mejor así, semejante lucidez hubiese agregado un pesar más a su ya torturado espíritu.

Retrocedo en el tiempo y al recordar mi primer encuentro con la obra de Vincent, no puedo dejar de sonreír. Yo era muy pequeña, pero comprendí en ese preciso momento lo que significaba trabajar duro por conseguir un sueño.

En honor a Vincent, apasionado creador y poderosa llama que ilumina para siempre el camino de tanta gente.