SPIDERWOMEN (Diana Belaustegui)

Jessica, bájate de ahí y acércate, creo que va siendo el momento adecuado para que comiences a conocer el linaje que te antecede, tienes que saber sobre la sangre que te corre por las venas para poder apreciarla, o repudiarla.

Todo comenzó hace unos treinta y tantos años en un mundo de radiante testosterona, con ojos y almas agobiadas de tanto admirar las proezas de un Superhéroe.

El tipo se aparecía de la nada, volando a través de las sombras ayudado por unos hilos casi transparentes, que a los pocos meses dejaron la ciudad bajo una cortina gris, pero que nadie criticó porque se trataba del medio de movilidad del “Hombre Araña”. No me mires así, no tengo nada en contra del hombrecillo éste, que por un accidente, su ADN fue modificado quedando convertido en una especie de híbrido de apariencia humana pero con una serie de modificaciones internas que lograron que tuviera extraordinarios dones arácnidos.

Todo el mundo estaba rendido a los pies de este ser que luego de contraer los poderes, (así como se contrae varicela, sarampión o herpes genital) se dedicó de lleno a luchar contra los malos, bajando los índices de violencia y delincuencia en un cuarenta por ciento en tres meses, casi un cien por ciento en dos años.

Entonces vieron en él un indicio de apatía ¿Qué harían ellos, meros mortales, si el tipo-araña, súper-hombre, atrapa-malos, se les cansaba y tiraba la toalla dejándolos a todos librados a su propia suerte? El intendente, gobernador, presidente y demás comidilla politiquera se reunió en una sesión extraordinaria que duró aproximadamente ocho horas y en la que aparte de comer grandes raciones de cheesecake de frutilla con litros de café, se tomó la decisión de crear un prototipo capaz de ser la compañía perfecta y también entretenimiento del hombre araña, ¡porque él lo merecía! Porque el hombre debía llegar al hogar luego de un día de grandes luchas y poder descargar su hombría en las caderas de una súper-mujer. El 18 de febrero de 1977 la decisión fue firmada, sellada, autorizada y enviada a los grandes científicos, que comenzaron con las investigaciones y posteriores pruebas en mujeres hermosas, arreadas con la promesa de un trabajo bien remunerado. Brillantes mujeres que triunfarían si accedían a ser inyectadas con diversas drogas que las mantendría jóvenes y hermosas por mucho más tiempo. Todo era mentira, por supuesto. Después se creo la historia de la niña picada por una araña y que el padre en su afán por salvarla le puso un suero experimental que produjo los cambios en la muchachita, ¡puras patrañas!

De las veinte mujeres que fueron usadas como conejillos de india, sobrevivieron tres, dos quedaron vivas pero modificadas no solo internamente sino externamente también, con patas peludas brotando de sus cabezas o gruesos colmillos atravesando la mandíbula inferior. La tercera tenía los poderes y era hermosa. La mujer ideal para el hombre perfecto. Cuando estuvieron seguros de que no generaría un ojo de más o tal vez una pierna extra, se le informó que era la elegida, (mujer bendita entre todas las mujeres) para ser compañera del “hombre araña”.

Compañera en la vida, en la cama, en su ausencia y presencia.

No entendía porque estaban todos tan emocionados, no le encontraba mucha gracia al asunto. No sabía cocinar, ni planchar, nunca había pensado en casarse y mucho menos en tener que hacer de sicóloga del superhéroe de moda.

Ella quería ser alguien, no sólo “la mujer de”. Así que los primeros meses se escapaba cuando él salía después de una alarma arácnida, y atendía sus propias alarmas.

Aunque sus proezas fueron censuradas porque más que ayudar, la mujer, delinquía.

Le robaba grandes canastos de pan al panadero (que desde que había descendido el índice de robo, duplicaba su producción) y se lo llevaba a los niños que pedían limosna en la calle Alvear en la esquina de la Intendencia. Hizo lo mismo con el lechero, el almacenero y hasta se animó con el banquero.

El hombre araña sospechó de su mujer al segundo día, pero no podía hacer nada, se había enamorado perdidamente de ella.
La paciencia se agotó cuando la encontró con el cartero en la cama, él pobre estaba en estado de shock, inmovilizado en un capullo de tela de araña que dejaba un hueco por donde se podía apreciar su pene afuera, erecto, por la acción de una pastillita azul que la mujer araña le había obligado a consumir (aparentemente la criminalidad no le dejaba tiempo suficiente para que el superhéroe atendiera los deberes conyugales como ella esperaba).

La echó no sin antes recriminarle que él le había dado nombre, y que gracias a él ella existía y que bla bla bla.
La mujer araña se retiró del hogar y vivió oculta un tiempo hasta que la agencia S.H.I.E.L.D. logró hallarla y la obligó a trabajar para ellos como agente secreto, por un miserable sueldo. Cuando logró escapar se mudó al exterior y estuvo con un cantante de rock un tiempo, al que abandonó, por un sereno hombre de contabilidad que nunca le disparó la alarma arácnida cuando salía de copas con los amigos.

No supo que su ADN modificado era hereditario hasta que nací yo, que aparte de mis pequeñísimos dos pares de brazos debajo de los normales, no tengo nada más. Puedo contar también una manía que tuve en cierta época por comerme a los hombres con los que copulaba, pero nada que no haya podido solucionar con unas sesiones de sicoterapia. Pensé que contigo el gen ya no estaría mutado, ¡mi niña hermosa!

Ya veo que no me estás escuchando, cuando tengas más edad volveré a repetirte la historia, ve a jugar.

Me gustaría encontrarme con los que jugaron genéticamente con mi madre y preguntarles: ¿Qué hago ahora con una niña de tres años que se trepa a las paredes? Con la crisis económica que nos asola… ¿Cómo me las arreglo cada vez que le duele la panza de tanto comer insectos? El pediatra no me la quiere atender, me dice que tengo que ir a otra clase de médico. ¿A que clase? ¿Mi modesta obra social cubrirá los gastos? ¡Jessica, no más telas de araña, hija!

¡Ojala y viviera tu abuela! Ella sabría como ayudarme y encarar la situación con justicia, un par de telas arácnidas, y los ovarios bien puestos.