Soledad

A Soledad, por llamarla de alguna manera, la conocí en un verano porteño, una noche cálida y oscura, en la misma esquina que inspiró a Sabina.  Quedamos en vernos antes de que acabara la noche, Avenida Corrientes esquina Callao, para conocernos una vez más. No estoy seguro si fue bailando que me enamoré o fue con su primera sonrisa. No sé si fue todo lo que hablamos o lo que aún nos quedaba por hablar, pero corrimos tomados de las manos para encerrarnos en un viejo hotel, como si no quedara más tiempo por vivir. No sé si fu Buenos Aires ó la nostalgia que llega con Diciembre, lejos del hogar.

Caminamos Corrientes los siguientes tres días y nos despedimos en el barrio de Boca el año en que  Tevez lo sacó campeón. Prometimos amarnos para toda la vida, aunque nunca jamás nos volviéramos a ver.

La soledad que me dejó Soledad fue la más placentera de mis soledades, pues conocía, que en algún lugar del mundo, una mujer hermosa se moría por mí.

La extrañé en Corrientes y por toda Capital Federal, la extrañé diciembre a diciembre, escuchando canciones de Charly Garcia y escribiendo poemas de amor. A solas extrañé a Soledad. Y la amé, cumpliendo siempre mi promesa. Hoy nos seguimos amando, pero en otros brazos, que llegaron después.

Algunas veces me arrepiento de no haber luchado más por ese amor, pero es el recuerdo, de lo que fuimos, lo único que lo mantiene vivo en mi interior. Vivir, muchas veces, se traduce en olvido. Vivimos con la preocupación, inexplicable aún, de aprovechar cada segundo, pero olvidamos, al mismo tiempo, que muchas veces el silencio y la distancia son el mejor camino para que siempre perdure la memoria. A Soledad, gracias a no haberla amado como siempre quise amarla, la llevaré por siempre en mi corazón.

El curso elegido para los amores inconclusos, en la mayoría de los casos, suele ser el recuerdo pasajero que trae consigo la nostalgia. El curso, para el amor inconcluso que me dejó Soledad, es la nostalgia permanente que trae el no poder olvidarla.

Hoy, en la fría Bogotá, llevo conmigo a Soledad. La llevo cargada por calles de otros hombres,  parques de otros niños y plazas que conmemoran de esta patria la libertad. La llevo en mis penas y poemas. En mis canciones y emociones. La llevo en el recuerdo, que es, al final, lo único que tengo –Que siempre tendré-.

El recuerdo de la soledad que me dejó Soledad.