¡Qué importante y maravilloso es poder vivir, pero cuanto más maravilloso e importante es la vida!
Si pudieramos darnos cuenta de la diferencia, tal vez la disfrutariamos más.
Muchas veces creemos que el concepto esta muy claro en nuestras mentes y pensamos que estamos viviendo; sin poder darnos cuenta de cómo se nos escurre la vida; del mismo modo que se desliza el agua entre los dedos de las manos.
Eso comienza a suceder cuando dejamos de maravillarnos, de abrir grandes nuestros ojos desde el interior y dejamos de expandir nuestra mente.
Sucede una especie de atrofia existencial. No vemos lo mas cerca, lo mas simple, lo que se nos da sin pedir nada. Y nos convertimos en robot, en maquinas, mientras se nos pasa la vida.
Sin embargo todos tenemos la capacidad para apreciar un paisaje, ver el vuelo de un ave, el color de una mariposa, el naranja cielo de un atardecer, la brillantez de los retonos en primavera o una pradera verde, una gran montana o el plateado de la luna y el destello de las estrellas.
Todos tenemos la capacidad de oler el perfume de las flores, el humeante aroma que sale de una cocina, el olor a la tierra humeda despues de una lluvia, o el del pasto recien cortado. Podemos oir la musica que nos dan los pajaros y los mares. Los sonidos de una plaza de juegos infantiles, el ronroneo de un gato o el ladrido de un perro.
Todos tenemos la capacidad de sentir la brisa fresca en el rostro, el suelo bajo nuestros pies desnudos, los golpeteos de la lluvia embravecida, la mano consoladora de quien nos quiere; podemos sentir el cabello o el hombro cuando tocamos con manos comprensivas.
Eso es la vida. Es poco, es mucho; es cada día de la vida.
Tan maravilloso es sentirnos vivos, que vale la pena apreciar tantas cosas que nos van sucediendo y que seguramente, dariamos todo por tenerlas, si alguna vez sintieramos en riesgo nuestra vida.
