¿Qué tan difícil es ser amable?

La agitación de la vida diaria, la inseguridad en sí mismo y la ambición ocasiona que cada persona pierda esa semilla de gentileza que hay en el ser.

Y es muy complicado mantener una cara amable cuando tienes un jefe déspota, cuando el dinero no alcanza en casa o cuando la gente que más amas te decepciona.

Hace poco observé como el Presidente de Bolivia, Evo Morales, en un partido “amistoso” de fútbol pateaba a uno de sus contrincantes como una acción de venganza, y yo me preguntaba, ¿En dónde quedaron aquellos valores que tanto nos inculcaron en el colegio? Acaso él, todo un Presidente, ¿no se da cuenta que lo observan millones de personas?

Si él falla, ¿cómo fallaremos nosotros?, simples seres humanos. Pues yo creo que Dios nos ha hecho tan perfectos, que hasta podemos equivocarnos, tenemos la opción de decir: “Perdón”, pero es ese diablillo que tenemos en la cabeza nos tienta y nos dice:  “¿Y por qué lo vas a hacer?”. Y no lo hacemos, preferimos al diablillo en lugar de sanar el alma.

Hace poco en la oficina tuvimos una actividad en la que hablamos de la “madurez” y lo importante que significa en el ámbito laboral. Madurez para perdonar, madurez para aceptar el equivocarse, madurez para amar a los demás aceptando sus errores y faltas, madurez para ser humildes. Y yo me preguntaba, ¿Y qué pasa con la madurez, la cual siempre ir debe ir de la mano con la tolerancia?, ¿Acaso no es madurez del jefe decir “¡Oye, lo estás haciendo bien!? Me quedaba pensando en las palabras que nos decía y pensaba, ¡Qué difícil!

Y nosotras las mujeres pecamos con la madurez, somos bastante volubles cuando se trata del corazón. No perdonamos un error, somos tan perfeccionistas que con cualquier falta, nos deprimimos, lloramos y parecemos como los letreros de los parqueaderos públicos en Bogotá: “Cuidado, perro bravo”

Esta vez hago un llamado a la tolerancia, a amar. Dejemos dentro del cajón nuestra dependencia de las cosas materiales. Dejemos nuestra ambición que nos hace tan imperfectos. Seamos mejores personas aceptándonos como somos y a querer a los demás como son. Aliviemos el alma con una sonrisa amable, hagamos el esfuerzo de reír en momentos difíciles, de amar a la personas que nos rodean. Démonos la oportunidad de ser felices.