Entre balas y discriminación

Para nadie es un misterio que la seguridad en Medellín se ha visto vulnerada por los conflictosentre las bandas delincuenciales para obtener el poder sobre el tráfico de stupefacientes.

Tampoco es tabú que los niños, nuestros niños, se han convertido en soldados al servicio al sicariato. Más allá de estos factores, existe una tristeza que los ojos de los ectores no alcanzan a percibir: la discriminación de la gente que vive en la ya famosa comuna 13.

Ser habitante de “La 13” es un completo dolor de cabeza al momento de conseguir empleo, cuando se busca colegio para los niños que aún quieren estudiar; hasta para hacer mercado esto se ha convertido en un obstáculo. Esta gente ya no tiene vida. Tienen que decidir si trabajan o caen en el fuego cruzado entre los “niños” vándalos.

Pero comencemos desde el principio. ¿Por qué hemos llegado a este punto?

Antes de dar una explicación, se debe comprender que esta violencia viene de raíces muy profundas. Desde la década de los ochentas, Medellín vivió la época más turbulenta de su historia, llegando a obtener el calificativo de “la ciudad más insegura del mundo”, ya que era el lugar en el cual el capo más grande de la historia, Pablo Emilio Escobar, llevaba a cabo todas sus actividades delictivas.

Sin embargo, Medellín logró cambios sustanciales después de la muerte del capo. La pujanza de su gente logró reinventar la industria textil; avanzó en infraestructura y en el sector turístico. Sin embargo, el terror regresó en 2008, después de la ruptura de las negociaciones de paz y la extradición de los jefes paramilitares encabezados por ‘Berna’.

La violencia se incrementó de nuevo. Las bandas volvieron a sacar su arsenal de armas a las calles y reactivaron sus actividades delincuenciales agravadas por la enemistad y la competencia entre sus propios integrantes.

Ahora hay una súplica nacional para que se detenga el desangre en la Comuna 13 y en toda la ciudad.

Otra vez se piden acciones de militarización de la ciudad, bloques de búsqueda y, cada día, la policía se reinventa para acabar con el flagelo de violencia que azota a esta comunidad. Se hacen llamados a la justicia para que actúe. Se invoca la colaboración de la ciudadanía.

Pero, ¿Cuál es la razón de dicha incubación de violencia? La causa fundamental del caos es la persistente vinculación entre mafiosos, políticos y empresarios. Nadie es capaz de gritar que detrás de esta nueva ola de violencia se esconde la disputa por el poder local en el 2011.

Estos niños son los herederos de alias “Don Berna”. Los niños ahora juegan a las extorsiones, siembran el miedo y trafican narcóticos.

¿Qué podemos hacer?. Démosle la mano a aquellas personas que aún quieren salir adelante, no seamos indiferentes ante dicha situación. No dejemos perder el territorio ganado, ayudemos a nuestro futuro: los niños.