Mastelero de Velacho


(Gavia o vela que se arma en el mastelero del palo trinquete)

Por Daniel de Cullá

Persistía el viento durante la noche. Se había terminado la partida de juego de azar en que se tallaron gruesas cantidades formalmente. Llegados hasta los bordes del vaso, salieron de la taberna “Señora de Borbón”, lindamente amueblada, tres hombres. Beatriz era su dueña, y Sonado su marido, valiente bonete, o buen bonete; es decir, tonto. Los dos se tiraban a la cabeza o mandaban al aire sus bonetes en disputas acaloradamente extraordinarias. A la entrada de la puerta colgaba un letrero que decía “Almete y bonete hacen cosas de copete”. Sonado había estudiado para clérigo secular, y llegó a ser árbitro de Europa, dejando preñada a una “Ja de dinastía real”, como él decía, vanagloriándose de su esposa progenitora de varias familias de la España que subsiste.

-¡Eh, vosotros, que os dejáis la borracha! -, gritó saliendo de la taberna y dirigiéndose a los tres hombres, que se emborrachaban con frecuencia y cometían grandes excesos, perdidos por exceso de uva.

Bucéfalo, Aldebarán y Enero se volvieron a la vez a por la bota para el vino. Siempre iban juntos. Desde jóvenes allá en tiempos de antaño cual mozos andaban por casas y mesones como buscando el Asno que Sancho había perdido y que, como decía Aldebarán, “se encontraba en cierta casa parroquial donde los sacerdotes cometen acciones bien obscenas”.

Se iban tambaleando rodeados de toda esa corte celestial de dioses, diosas, semidioses que siempre rodean o cortejan a los borrachos, y riendo repetían:

-Lo que vale un buen trago, amigos.

Bucéfalo, pretendiendo avisar a la gente que dormía, se tiró un gran pedo, prorrumpiendo en un   “¡Oh¡ Romanos”,  no pudiendo los otros dos pronunciar palabra y diciendo: “Hagámosle aire, que no está cocido”, y, prosiguiendo en la O de su pedo, atronaron los tres al unísono a todo el barrio, como si de los Músicos de Bremen se tratara,  acudiendo las gentes de la plebe y ellos escapando no fuera a ser que entonces  dijeran “qué malo es peder fuera de tiempo”, por los palos que sin duda recibieran del pueblo.

Escondidos en el pajar que justo está detrás de la iglesia, Enero, que veía la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, y justo mientras Bucéfalo le endilgaba la suya por detrás, no se pudo resistir y comenzó a despotricar contra los curas diciendo:

-¿Qué diremos de los sacerdotes hipócritas, obscenos, embusteros, y que su bien le fundan solamente en engañar y alucinar el pueblo?

-Valientes hijos de puta, replicó Bucéfalo.

Prosiguiendo Aldebarán:

- A que no sabéis , ahora que os veo, del gran combate, a quien más, que Príapo sostuvo con el Asno a una apuesta a quien más verga tenía, y Príapo dejó al Asno abochornado y vencido; pero luego, ¿qué hace el Asno? Va y coge, y lleno de rabia se abalanza a Príapo; y a la sombra de sus mismos laureles le deja muerto, que es lo mismo por lo que se pelearon Caín y Abel  queriendo dar por culo a una Jumenta, que fue muerta y con su quijada Caín mató a su hermano.

Agregando Enero:

-Y yo barrunto que del tal lance sacaron los latinos el proverbio Veni, Vidi, Vinci, que es lo mismo que decir: Voy, Cojo y te Capo, que usaron y siguen usando los señores de la guerra aún hoy en día.

Después del combate descomunal y tan terrible y fiero en que estos dos borrachos de Enero y Bucéfalo tanto ardor emplearon, tanto esfuerzo, la suerte de vara hizo que quedaran en el combate medio muertos y dormidos los dos de ellos, viéndoles Aldebarán mientras se chupaba el dedo, riendo se decía a sí mismo:

-Aquí muere Enero, mas de Bucéfalo es la dehesa; acordándose igual de aquel Gil González Dávila que fue un enamorado y por él hicieron coplas, y cuando era viejo y las oía cantar, decía él: “Mi fe, hija, ya no llama”, que parce que podían ser palabras de la madre, su esposa, cuando él cesó de acudir a ella como antes. Y mirándose a su miembro, le habló de tal guisa:

-Aldebarán llama a la aldaba; mi fe, hija, ya no llama”.Ahora pintas cuento, ¡ay, mi baldón de flojas y comilonas!.