La escena en la ventana

Por: Andrés Calvo

Vivimos en un mundo de maravillas escondidas, donde alguien decidió que solo eran siete. Quizás porque el número indica perfección, o quizás porque de ese modo concentraba la belleza del mundo en las grandes potencias de la historia. Yo lo sé: lo vi en TV. Quizás esto hace parte del orgullo humano de lograr igualar a la naturaleza. Pero para ser honestos, nada es más impactante al ser humano que la naturaleza en todo su esplendor.

Por ejemplo las zebras. Descubrí que tenían rayas por un libro de colorear a los 4 años. Unos años después vi manadas de zebras corriendo por praderas enormes en el Serengueti en un canal de tv. Pero puedo decir sin temor a equivocarme que la primera vez que vi una zebra “de verdad” fue a los 17 años en un parque zoológico.

Me impactó porque no eran las zebras que dibujaba a los 4 años, ni las que durante toda mi vida veía corriendo en el especial del canal de los animales. No, a esta la vi con las barras negras de una jaula en que la mantenían y que lograban a ratos y de lejos mimetizarse con sus rayas, para dar la efímera impresión de un animal libre pero con una extraña expresión de nostalgia.

Fue allí que comprendí, que lo bello de la naturaleza está en su esplendor magnifico y su frontera inexistente. En lo magno de la creación y de como nos recuerda nuestro lugar en la tierra. Y por consiguiente, me di cuenta que solo conocía este mundo a través de la ventana de veinte pulgadas que acostumbramos a llamar televisor. Y que es por allí que he visto la mayoría de lo que “conozco” sobre el mundo: Praderas, cascadas, monumentos, playas, mares, polos, selvas, y todo lo demás. Entonces, ¿cómo podemos cuidar nuestro mundo si se nos muestra tan perfecto en los pixeles utópicos del TV?

Me vi entonces como un ser letárgico, reducido a un sofá y un control remoto y decidí que tenía que ver el mundo por mi mismo; Darme cuenta de una vez que el capricho del ser humano de tener 7 maravillas establecidas era demasiado facilista. Y que son más las maravillas en este planeta que las cámaras que hay para registrarlas. Vivimos un hoy, donde el hielo se viene derritiendo, y el agua viene subiendo. Donde cada vez hay menos nevados, y donde las selvas vegetales sufren los estragos de las selvas de cemento. Decidí que tengo que salir de mi jaula y dejar mi perpetua expresión de zebra uniformada. Decidí que debía ser libre.