Inconsistencia Intelectual

Tuve la suerte de vivir tres años y cuatro meses en la ciudad de Miami, tiempo que empleé para estudiar inglés y, porqué no, adoptar un acento folclórico estadounidense. También lo utilicé para estudiar una maestría en periodismo investigativo.  Fueron pocas horas las que tuve para ver los programas de televisión de los canales locales del sur de la Florida, pero suficientes para darme cuenta de la inconsistencia intelectual que padecen estos medios de comunicación.  La falta de creatividad, financiamiento y originalidad, llevan a que los hispanos residentes en Estados Unidos – dos de estos canales tienen emisión a nivel nacional-, se distraigan con historias reencauchadas mal hechas, o que se entretengan con una serie de producciones en las que despotrican de aquellos que se hacen llamar artistas.

ORIGINALIDAD. Sí, en el país de los sueños – al que al parecer sólo le queda un pedazo de esto, llamado Disney World-, latinos que no entienden inglés ven la necesidad de aguantar tres horas de un programa de chismes conducido por una señora 10 años mayor que mi mamá, vestida de veinteañera y con unas cuantas cirugías plásticas que la hacen ver como de quince años menos. “Debería estar cuidando los nietos en vez de andar rajando de la gente”, fue un comentario que alguna vez mi hermana Valentina hizo mientras pasábamos canales hace un par de meses.  Basados en esta brillante idea o estilo, si se puede llamar así, hay muchos programas que se emiten a diario en horas de la mañana, al medio día y a eso de las seis de la tarde. Varían los presentadores y el número del canal, pero el contenido es el mismo. En Miami, como seguramente en muchos de nuestros países, a este tipo de personas  se les llama “estrellas de la televisión”.

CREATIVIDAD. ¿En qué parte del mundo están los buenos libretistas y escritores de novelas?  Al parecer quedan pocos en el mercado de habla hispana, pues las versiones desmejoradas de las creaciones de Fernando Gaitán son las que sacan a flote la economía de los canales y, para rematar, una vez se acaba la versión mexico-latinoamericana es necesario emitir la versión original de la misma. Lo único que varía es el lenguaje utilizado. ¿En qué lugar de la tierra se esconden las buenas historias? Ojalá Fernando les diera la dirección a los interesados en encontrarlas, ya que a los que se inspiraron en el dolor de las familias causado por el narcotráfico, como que se les acabó su cuarto de hora. Suficiente con los sapos, con el capo y las ignorantes muchachitas que se dejan deslumbrar con el billete de estos para encontrar el paraíso.  No sería raro ver en un par de meses a un supuesto Pablo Escobar hablando con acento mexicano. Si es el dolor el que debería inspirar una buena o por lo menos exitosa producción, que los productores y todo el equipo de trabajo hagan un viajecito a Ciudad Juárez, ahí hay millones de historias por encontrar, muchas lágrimas de testimonios reales; o para no escribir sobre lo que otros ya han escrito, que inviertan un poquito y viajen a Haití o a Chile, seguro encontrarán algo sustancioso, basado en tragedias reales.

FINANCIAMIENTO. Antes  y durante la crisis, la falta de presupuesto para los canales de televisión ha sido una de las causantes de la baja calidad del contenido de los programas emitidos. Se detecta en la información periodística  y en la polarización de la misma. ¿Cómo se hace para no reciclar una noticia por más de 24 horas, o para poder hablar mal del exilio cubano en el Sur de la Florida? Con dinero para salir a buscar diferentes fuentes de información, seguramente.  Las noticias nuevas de las seis de la mañana son las mismas a las 10 de la noche, cambia un poco el libreto del presentador  y la edición de éstas. Todo esto teniendo en cuenta que los programas informativos que anteceden a los noticieros cuentan el 80%, si no es más, de lo que va a emitir el noticiero. ¿Es que son tan pocas las noticias diarias por informar? No creo, y menos en un siglo donde la palabra globalización incluye también a los medios de comunicación, donde internet se ha convertido en la mayor fuente de información. Lo que pasa es que es difícil lograrlo con la situación actual, y más en canales locales en los que en el 2007 trabajaban 80 personas y hoy en día quedan 20.

El tiempo “al aire” debería incluir más información educativa, de interés público real, por ejemplo una hora de un curso de inglés para aquellos que no dominan el idioma, o de orientación para los inmigrantes indocumentados, o de casos de éxito de latinos en Estados Unidos; alguna luz que sirva para guiar por caminos diferentes al de seguir siendo la mano de obra barata que es víctima de la inconsistencia intelectual de los medios de comunicación de habla hispana en ese país.

PD.  Si en una par de años o meses vuelvo a Miami y solicito trabajo en alguno de estos canales, espero no tener la mala suerte de que mi futuro jefe haya leído esta columna. Muy seguramente no seré contratada.