Cuento de T.V

Si tan sólo pudiera ser consciente por un momento de lo que desea comunicarle. Existe un atracción ineludible entre los dos, tan voraz como una tormenta que arrasa con toda una comunidad, tan circunspecta como el corazón de las diversas mujeres que guarda en su memoria, usa y finalmente expone en fragmentos de luz de baja resolución.

En un parpadeo constante, con cierto aire de coqueteo, procura cautivar la atención de todos aquellos que por convicción o por error caen ante sus placeres. Tal es su poder de captura que incluso aquellos de almas más rígidas y mentes más impenetrables sucumben ante su inevitable belleza.

Es así que tal como la sangre, necesaria para mantenernos a este lado de la realidad, ella se hace indispensable para su vida, por no decir que se toma su papel. Sencillamente ya no puede concebir una vida sin su presencia, su ausencia sería como un prolongado clic al alma, un off mudo, una larga tortura que lo terminaría induciendo al suicidio.

Simplemente no logra estar ni un día, hora, minuto, ni siquiera una mínima fracción de tiempo sin ella. El trascurrir de los momentos ya no vale si no logra ser partícipe de sus exposiciones constantes, las cuales piensa como códigos diseñados para que sólo él entienda, la única manera en que ella le puede demostrar su amor.

La necesidad que él tiene de ella, se convierte en su sosiego y, habiendo culminado su único propósito, ella logra que se haga según su voluntad. El ya no se pertenece, no se duele a sí mismo. Ahora, todo el tiempo y para siempre, ella será la que habrá de dictar;  el, cómo su digno esclavo virtual, tendrá que obedecer.

Su nueva deidad, nueva obsesión; necesidad que transformada en vicio le reduce a la mínima parte, lo hace insignificante. Y de repente él se halla atrapado entre los muros relativos de una caja oscura, sabe que es el corazón de su amada, tan lleno de impulso, de virtualidad. Ya hechos amantes en la oscuridad, ella decide exponer al mundo su arcano romance, decide así fragmentarlo. Sus pálpitos se prolongan, pero se hacen más escasos y como al final de toda buena proyección, permanece inmóvil en la habitación un pito de cardiógrafo, se apaga la luz, se desconectó.

Frente a una pantalla de baja resolución murió y el televisor, en sístole se tornó.