¿Dónde quedaron las cosas importantes?

El mundo se está acabando ante la insuficiencia de artistas. Cada vez hay menos gente culta, gente con principios, con visión. Creemos más en las guerras y menos en la imaginación, normalizamos las armas minimizando la palabra, los niños de ahora ya no aprenden de amor.

El mundo se está acabando, igual el sentido común. Sin quererlo nos volvimos objetos y lo peor de todo es que a muchos eso les gustó. Nos llenamos de símbolos, de idiomas y de fronteras; de antipatías, temores y guerras. Nos volvimos gente que no aprecia al vecino menos al que escribe, pinta y canta; al que imagina que todo puede ser mejor.

Nos gustan los mismos equipos, cantamos las mismas canciones y reímos cuando vemos lo mismo. Tenemos los mismos ídolos, con lo mismo nos admiramos. Sin embargo nos matamos por Dioses que no existen y reglas que nadie sabe quien se las ha inventado.

En Arizona eres un criminal si no pareces blanco, los documentos son obligatorios para quien parece extranjero. Ya no existen los paraísos de hace millones de años, los lugares encantados, los bosques que inspiraron cuentos, los sueños de niños con hadas. Ahora imperan las balas, los fusiles de última tecnología y el odio entre los pueblos.

Hoy miles de americanos bailan en tierras africanas. También coreanos, ingleses y argentinos. Se abrazan cristianos y musulmanes; judíos y alemanes. Pero cuando el fútbol se acabe, alimentaran los viejos pretextos que aun nos aquejan. Americanos y Mexicanos volverán al pasado, Arizona recreara los miedos de Monterrey en 1846, cuando los unos con los otros se llamaban invasores, sólo que ahora al revés.

El mundo se está acabando antes la insuficiencia de artistas. En el mundo de hoy sobran las guerras y hace falta educación. Gente que entienda de cariños sinceros; que sufra de sensibilidad.

Gente común y corriente que no tolere más muertes, que hable de arte y de Corrientes, que entienda de tango, bolero y Picasso, que guste de Kandinsky, de Mozart y de Chaplin, de Mahatma Gandhi, Nelson Mandela y John Lennon. No hace falta otro Bob Dylan, Velázquez o Shakespeare, solo gente que los entienda y aprenda, como artista, que existen otros mundo, que todo puede ser mejor.

Aquí no faltan los genios, solo artistas comunes; gente con visión. Personas corrientes que despierten emociones cuando hablen de color. Ya es hora de ser menos fríos y mucho más humanos; al final ese es el arte del saber vivir.