La crisis de los veinte y tantos

Hace solo unos días me levanté muy temprano en la mañana con la firme convicción de hacer de ese día uno de los más productivos de la semana, no solo por el hecho de haberlo pensado así la noche anterior sino porque además tenía muchas cosas por hacer y todas con la importancia suficiente como para no poder dejarlas a un lado o aplazarlas.

Pienso que la crisis mundial se trasladó a mi habitación y que los más afectados han sido todos y cada uno de mis planes. Si, como los chicos de corbata en Houston y Nueva york que vieron con espanto como una suave briza de otoño acababa con el castillo de sus sueños. ¡Gracias Enron! Así me siento yo, en crisis; la crisis de los veinte y tantos.

Y es que en este momento, cuando estoy más cerca que lejos de pisar los 30, he comenzado a cuestionarme. Me cuestiono todo, la vida, los sueños, el trabajo, la casa, la alfombra, el pelo, todo. Todo y por igual. Lo más triste del caso es que no salgo ganadora en ninguno de los debates. Porque todas las decisiones que tomé en el pasado, ahora las veo equivocadas, que va, en tiempos de crisis las veo equivocadas.

A esta edad, que no está ni cerca de la tercera edad, estoy viviendo mi primera crisis. Nada de lo que viví en el pasado se compara con esto. Y es que las cosas que pintan naturales a estas alturas de la vida, no van conmigo ni de rumba. Yo no creo en el sueño de las corporaciones ni deseo el mejor de los trabajos. No, yo no creo en nada de eso. ¡Y al parecer eso está mal! Y lo que me falta para la menopausia, no lo quiero ni imaginar.

El hecho de no tener una obra definida hace que el paso del tiempo castigue de forma directa a la esperanza. Y cuando perdemos la esperanza lo perdemos todo, porque a nosotros solo nos alimenta el espíritu, nada más.

Ahora la entiendo a mi vieja, pobre, y no comprendimos que estaba en crisis, que era real, que estaba sufriendo. Al final va a ser verdad lo que ella, la única que realmente me conoce y no es mi madre, dice: “La intrascendencia es tan liviana que pesa”. Supongo que puede ser verdad.