El frasco

Hace un tiempo leí una nota donde un profesor de ética en una universidad daba, durante una de sus clases, un ejemplo que me pareció muy importante. Me llamó la atencion y disparó mi mente al pensamiento y la deducción.

Con un frasco vacío en sus manos, le preguntó a sus alumnos qué veían. Casi al unísono respondieron justamente eso, un frasco vacío. A continuacion colocó en su interior unas piedras de generoso tamaño y les hizo la misma pregunta, a lo que respondieron que la vasija estaba llena. Luego, comenzó a poner pequeñas piedrecitas de diversos tamaños y, agitando suavemente el frasco, los guijarros se reacomodaron en los lugares vacíos entre las grandes piedras. Nuevamente, pidió a sus estudiantes que le dijeran lo que observaban. Todos, riéndose, dijeron una vez más que el recipiente estaba lleno.

No obstante las risas, el profesor sacó una bolsita de arena que vertió dentro del frasco y, al mover éste suavemente, se fue reacomodando en los lugares libres, entre las grandes piedras y las pequenas.

El profesor quiso que sus alumnos reconocieran que esta demostración es como la vida. Las piedras grandes representan la familia, los hijos, la salud y los amigos. Las piedras pequeñas, el trabajo, la casa, el auto, lo material. Y la arena, todo lo demás, las cosas insignificantes.

Coincido con esta teoría. Si llenamos nuestras vidas primero con arena, no quedará espacio para las grandes piedras, ni para las pequeñas.

Es muy importante tener prioridades en la vida, a pesar de que muchas veces nos cueste saber diferenciar o darle el lugar primordial a lo que  realmente se lo merece. La mayoría de la veces ocupamos nuestras vidas con las pequeñeces que nos rodean, nos rozan y nos distraen. Entonces, nos olvidamos de lo que siempre nos acompañará en esta nuestra vida, que son las piedras grandes, pues las pequeñas, aunque sean necesarias, no son imprescindibles como nuestra familia, nuestros hijos, nuestra salud, nuestros amigos.