Tiempos cruciales

Las aguas del Atrato acababan de ser cautivadas por el mágico Caribe, cuando nos encontramos, a nuestro costado izquierdo, con la selva montañosa que transpira verdes puros, el Darién. El sol mimaba a la vida con sus primeros rayos. Pequeñas islas iban brotando frondosas del suave horizonte. Los alcatraces animaban con su júbilo nuestro avance hacía las níveas playas de Capurganá. Sentidos al natural.

¡Horror de los horrores! Claros en la manigua. La deforestación. Fibras en sangre. A lo lejos se veía la mano fría del hombre. Vacío absoluto.

Hoy, cuatro años después, he regresado a los mismos azules, verdes, melodías; mi corazón late de dicha. Respiro hondo y respiro placer. Respiro hondo y respiro cuchillos que marchan afilados en mis entrañas. Los claros de ayer son montañas desnudas, azotadas de erosión. ¡Qué estamos haciendo!

Nuestra casa se cae a pedazos. Seguimos abusando de  nuestras vidas. Los ríos, selvas, bosques, humedales, son menos. Somos más.

No soy experto para demostrar de manera científica que la mano del hombre está cambiando dramáticamente el balance natural de nuestra tierra, pero las evidencias son contundentes. Que lo digan los agricultores que ya no pueden planificar sus cultivos de acuerdo al régimen tradicional de lluvias porque éste se ha trastornado. El frío y el calor cada vez se hacen más extremos.

Muchos de nuestros líderes parecen vivir de su momento de poder sin importarles el mañana que seguramente tendrán que padecer. Son como los mafiosos, que saben que algún día van a ser asesinados y existen para derrochar el presente. La cumbre climática de Copenhagen fracasó, porque el petróleo está listo para gastar, y lo que les importa es la fiesta de hoy.

Y sí, cada vez somos más conscientes de nuestro importante papel a la hora de proteger nuestro jardín. Y hacemos marchas por el aire, el agua, la tierra; opinamos; clasificamos nuestros residuos. Pero las chimeneas no paran de estornudar; las cañerías vomitan y vomitan; las motosierras van a mil; y el camión de la basura hace de nuestros residuos el mismo basurero.

Si queremos dejar de ser un grito en el abismo, debemos llevar al poder y acompañar en éste a las fuerzas verdes. Cada segundo cuenta. Aún el Darién abraza en encantadoras bahías al plácido Caribe.