Sentado en el Año

Por: Reynaldo Romero

Después de mucho huir, finalmente me tocó dejar la casa de mi tía donde estaba con mi prima cocinando la cena para el 31 de diciembre, y así ir a la casa de un primo que estaba pasando el fin de año en mi ciudad. Para él, el no vernos ese día sería algo imperdonable.

Cuando me di cuenta que tenía que salir de la casa, eran las 11:15 de la noche del último día del 2009. Salí apresurado a buscar un taxi, pero el intento fue imposible, todos iban llenos de gente sonriente, pero con afán de llegar a su casa a pasar el tiempo con su familia; el mismo que afán que yo tenía de ir a estar con mi primo, que para más bien que mal es mi familia. Si alguno pasaba vacío, no quería parar, mucho menos llevarme a un lugar que no estuviera en su camino, los conductores querían ir a sus hogares.

A las 11:45 ya había perdido toda esperanza de conseguir transporte. Estaba lo suficientemente lejos de la casa de mi tía como para tener que conseguir un taxi y devolverme. Empecé a caminar, ya que lo hago rápido y más en días como esos. Después de mucho andar, a las 11.50, decidí sentarme en el andén como una persona más de la calle, la cual estaba sin dueño porque hasta los indigentes deberían haber estado celebrando con alguien especial. Me senté una cuadra más allá de la estación de servicio, no soporté que hasta los empleados estuvieran departiendo en un salón y yo estuviera solo en un día tan especial.

Tras desconocerme al darme por vencido, en la acera cerca al semáforo, advertí una presencia que me tomó por sorpresa, miré atrás y era un hombre relativamente joven. Por su aspecto y a juzgar por el saco que traía con él, asumí que era un indigente de la zona. Reaccioné muy lento, tal vez fue el miedo, pues estaba solo. Cuando logré tratar de mover mis piernas para levantarme, él ya estaba sentado a mi lado.

“Buenas noches”, me dijo. “Buenas” respondí muy a secas, tratando de evadir su obvia presencia, “No tenga miedo joven, yo sé que esto por acá es muy solo, pero no se preocupe”. El hombre ya sentado me inspiro una absurda confianza. “Me llamo José Luis, o bueno, me llamaba, o bueno, no sé” dijo. Yo me limité a sonreír. “Este está bien loco”, pensé.

“¡Qué año que termina!” dije. Él sonrío de una manera un poco malévola y me respondió: “Ustedes jóvenes no tienen idea lo que se les viene, yo por eso me voy a morir”. Sacó de su saco una bolsa con pequeñas manzanas verdes en perfecto estado y que no me ofreció. “¿Qué se nos avecina?” pregunté un poco curioso, esperando una respuesta como la de su nombre.

Empezó a reír a carcajadas, como queriendo burlarse de mí. Escuché las cosas que salían de su boca, que de algún modo estaban muy lejos de la locura, y me sentí yo como el loco.

“Nos vamos a la guerra contra Venezuela, por culpa de un sobrevuelo de Estados Unidos no autorizado por Colombia. Chávez no se aguantará las ganas de pelear y nos echará sus aviones. Dime mijo, ¿quién pelea contra un tipo amargado y sin mujer? Nadie mijo, nadie. Después de eso, nos veremos geográficamente atacados por Nicaragua y Ecuador. Teniendo el país rodeado, y al presidente Boliviano echándole carbón a la cosa, Estados Unidos no nos brindará todo el apoyo que esperamos de ellos, tendremos muchas muertes de personas inocentes por ambos países”.

Estaba pasmado, ¿qué podía saber estos temas? Volvió a sonreír burlándose de mí y continúo:

“Un sistema de salud colapsado totalmente al que sólo podrán acceder las personas con una buena EPS, o peor aún, con una empresa de medicina prepagada, pues a los pobres no los dejarán entrar a los hospitales, y veremos personas morir en las puertas rogando por ser atendidos con su carnet del gobierno. Presenciaremos cómo el gobierno nos trata de vender la idea de que no tenemos ningún problema, y el desempleo seguirá en aumento, mientras logramos estabilizar la crisis económica con el experto equipo de nuestro querido gobierno y presidente, tú sabes de quien hablo, pues ese no se va de acá por ahora. Seguirán buscando excusas para no tener acercamientos con las FARC, si no, ¿con quién es la pelea? Mijo, esos guerrilleros son peligrosos, pero más jodidos son los que no quieren negociar con ellos, para poder tener así más motivos para seguir en este absurdo que únicamente nos está dejando secuestrados, muertos y muchas personas y niños en la calle”.

“Aparte de nuestros desplazados, recibiremos inmigrantes ilegales de África que vienen de paso y se quedarán en vista de que en nuestro país pueden hacer cosas que en los de ellos no, y también se sentirán muy seguros de que no les haga erupción algún volcán inactivo que les deje en la calle también”.

“Hablando de volcanes, el clima se volverá loco. Eso es lo único que tengo por decirte, te acordarás de mi”. “Ni Copenhague, ni Kyoto. Creo que no se va a llegar a una solución conjunta para el medio ambiente, todos quieren tirar para su lado, y los Brasileros e Hindúes que tanto odio, serán los que “mantengan” unas discusiones más equilibradas en relación al tema del calentamiento global y medio ambiente”.

“En medio de todo, sonreiremos más, confiaremos más, seremos más serenos, también equilibraremos niveles de tolerancia, y cerraremos círculos de amistad. Tú encontrarás a la mujer que estabas buscando. No la busques, ella llegará, si te adelantas no me podré morir tranquilo y te lo juro que nos encontraremos el año que viene acá, pues esto no fue una coincidencia”. Sonrío. Sacó de su saco una bolsita pequeñita, una cinta morada, con la figurita de un ángel y me la entregó, volvió a sonreír y agregó: “No seas tan incrédulo, mijo”.

Me pidió agua de la botella. Se la dí toda. Sin más ni más, el hombre tomó su bolsa, se levantó del muro y empezó a caminar. A mitad de la calle, volteó y me dijo: “ Feliz año Rey”.

Aún algo confundido me di cuenta que ya eran las 12.00 y había empezado un año nuevo. De algún lugar apareció un taxi, el cual tomé para ir a casa de mi primo. Caí en cuenta que yo, nunca le dije mi nombre. Sonreí.