El Enojo

Considerando que el enojo es algo que nos incumbe a todos, me  puedo explayar con cierta condición de vivencias personales, como casi todos.

Ya lo decía el psicoanalista  francés  Jacques Lacan, que el enojo nace cuando nace la vida. Por eso los bebés utilizan el llanto para que los comprendan y atiendan sus necesidades. La evolución de la vida hace que este sentimiento se vaya demostrando de diversas maneras. Claro que no es normal ver a un adulto llorar por enojo, pero sí sabemos que queremos demostrar o hacerle saber al otro nuestro descontento, por medio de la ira.

Muchas veces  es con cierta razón, pero en la mayoría de los casos es para expulsar de la conciencia malestares;  algunas veces reales, y otras, figurativamente imaginarios, porque no debemos olvidar que los adultos tenemos esa cosa de dejarnos llevar por las suposiciones, lo que tantas veces nos lleva a equivocarnos.  Por supuesto, también puede ser una falta de comunicación.

También hay que tener en cuenta que hay  personas que necesitan enojarse ya sea para llamar la atención o para demostrar su poder, lo que, en varios casos, en vez de éste, demuestra inferioridad.

No voy a entrar en detalle psicológicos porque no es mi tema. De hecho, al comenzar la columna aclaré que escribo desde mis vivencias  y conocimientos como persona, por eso considero que la vida es un trabajo del día a día en el cual estamos aprendiendo permanentemente y que una de  las sensaciones que deberíamos  enseñarnos, es manejar nuestros enojos, saber de donde vienen,  porqué lo hacemos, o si lo hacemos con frecuencia. Entender así, que quizá antes de llegar hasta ese punto, podemos resolver las cosas con una charla, sin dejar que la situación llegue al límite.

También creo que un enojo de vez en cuando es saludable. Liberamos endorfinas y nos descargamos, pero de todos modos  no es lo más conveniente, siempre estamos a tiempo de dar un paso atrás antes de manifestarnos, y decidir cómo reaccionar, no vaya a ser que luego nos tengamos que arrepentir. Hay un dicho que dice algo así: soy dueño de lo que voy a decir y esclavo de lo que dije. Por eso, a respirar profundo, contar hasta diez, y luego actuar.