Creo

Por Nicolás Díaz Durana

Quiero ser optimista. Quiero perder la cordura por un momento y entregarme al optimismo desenfrenado que sólo la música y el alcohol son capaces de inducir.

Quiero imaginar que en los próximos diez años habrá una mujer presidente. Una presidenta. Será una mujer atea, culta y pensante, y posiblemente lesbiana también. Sus iniciativas serán acertadas y su carácter, fuerte e incorruptible. Será más inteligente que cualquier hombre y su habilidad diplomática úicamente será desbordada por una sencillez elegante. Esta oradora brillante, figura pública respetada y carismática, revolucionará a Colombia con sus ideas de vanguardia.

La reforma educativa que impulsará será radical, positiva en todo sentido. Se les enseñará a los niños a pensar por sí mismos y no a actuar mecánicamente por temor al castigo divino. El infierno y el cielo les serán explicados como lo que son: lugares simbólicos derivados de la imaginación humana, presentes en el arte y la literatura de prácticamente cualquier cultura.

Se les inculcará la costumbre de cuestionar la autoridad con argumentos y razones. Se les hablará abiertamente de temas como el sida, el aborto y la pena de muerte. Los niños opinarán al respecto durante el recreo, mientras repasan la forma en que se pone un condón utilizando como modelo el pene de icopor de la clase de educación sexual. Como es normal, las niñas lo aprenderán a hacer mejor primero. Los niños no aceptarán su derrota y serán motivo de las burlas de ellas.

Se abolirán las instituciones educativas de un solo sexo. Las clases de religión en las escuelas y colegios cambiarán. Los niños aprenderán sobre la influencia del islam en el arte occidental, del catolicismo en el pensamiento moderno y del budismo en algunas ramas de la filosofía. Se estudiarán las distintas religiones como quien estudia las batallas que libró Colombia para alcanzar su independencia: una suma de hechos que ya pasaron pero que portan una inconmensurable importancia histórica.

Las electivas, tanto para mujeres como para hombres, incluirán clases de costura, cocina, boxeo y rugby. Se dictarán clases de educación sexual a partir de segundo de primaria; en cuarto se verán los métodos de planificación.

La primera presidenta de Colombia también impulsará múltiples avances en las áreas de las ciencias y artes, motivando un interés colectivo por la historia de las religiones. La gente querrá conocer las diferentes manifestaciones culturales que ha tomado el no saber por qué estamos aquí. Se debatirá y discutirá el asunto con un apasionamiento crítico y racional, llegando a la única conclusión que se puede llegar: la religión es la estrategia más común para escapar momentáneamente de la falta de respuestas, pero nunca será una fuente de respuestas para el individuo pensante.

Poco a poco el número de iglesias cristianas disminuirá en Bogotá, llegando casi a desaparecer. La gente se dará cuenta de que las promesas de la religión son falsas y sus fundamentos, vacíos. Los individuos emprenderán una búsqueda de sentido sin aferrarse a las doctrinas de un papá invisible, que además es mentiroso, cobarde, incoherente y elitista. De aquí a diez años, serán más los que no creen que los que sí. El ateísmo, no creer en ningún dios, será una postura legítima y respetable. Lógicamente, las personas religiosas serán respetadas también, pues a nadie se le puede obligar a pensar.

Cuando finalice la década que ahora comienza, la religión habrá perdido todo su peso en Colombia. Los creyentes creerán en privado y no intentarán salvar el alma de nadie citando versículos de la biblia. Nadie estructurará sus argumentos sobre asuntos públicos a partir de creencias religiosas. En el congreso las leyes se debatirán como leyes, no como normas morales. Los crímenes se llamarán crímenes y no pecados. El sexo se llamará sexo y no  tentación de la carne. La unión libre se llamará unión libre y no concubinato. Los homosexuales no serán enfermos sino ciudadanos. El tema del aborto será discutido usando el cerebro y con los pies sobre la tierra, no usando el corazón y con una biblia en la mano.

Todo esto ocurrirá en la década que viene. La que comenzó hace un par de días.

Finalizadas las risas, déjeme decirle, querido lector, que usted tiene toda la razón al pensar lo que está pensando. Pero le pido que no me juzgue tan a la ligera; todos tenemos derecho a enloquecernos de vez en cuando. Escribir mis premoniciones para la década entrante ha sido uno reto literario difícil. Por eso decidí escudarme en la estupidez del optimismo. Un par de whiskys, una sonrisa idiota, y a escribir.

Quería saber cómo se sentía ser una persona creyente.