Componiendo un personaje

Cuando ya tenemos el personaje asignado en una obra, comienza una ardua tarea para el actor: debe desarrollar el personaje que el escritor creó en la historia. Para esto, muchos autores dan acotaciones puntuales sobre cómo pararse o sentarse, cómo entrar; si bailar o sólo escuchar la música; si se debe estar sonriente o enojado, llorar o reír; además de dar indicios del carácter de aquel que se va a interpretar.

Es aquí cuando el intérprete debe seguir las anotaciones del guionista, uniéndolas a las guías que da el director. También se debe tener en cuenta las técnicas que ayudan a meterse dentro del personaje y de esta forma darle vida, obteniendo buenos resultados.

Luego de leer y analizar minuciosamente el texto para enterarnos de lo que el escritor quiere expresar y mostrar, es muy importante armarle una vida y un pasado a cada a aquel que se va a interpretar para entender su situación actual, la del papel. Es así cómo, frente a él, debemos saber donde vivía, cómo fue su infancia, si fue feliz, quienes lo rodearon en su adolescencia. Imaginamos cómo  se desenvolvía con su familia y amigos, qué nivel cultural alcanzó, en qué trabaja o aquello que estudia. Hay que armarle al personaje una historia de vida, un pasado, logrando representarlo con más herramientas, credibilidad y confianza.

Cada vez que se entra en la piel de los personajes, no debemos olvidarnos que en el escenario son personas a las que les suceden situaciones y conflictos que deben ser creíbles para el espectador. Cuando vemos una obra, al margen de que si nos gusta el argumento o no, es muy importante si nos creemos lo que nos muestran, por esta razón el actor debe entrar a pleno en el cuerpo de esta persona ficticia, adueñarse de ella y sentir de la misma forma, para que su actuación sea satisfactoria y exitosa.