Alcohol, mujeres y Corridos prohibidos

No es novedoso escuchar corridos que relatan hazañas de los capos de la droga. Pero en esta ola de asesinatos y torturas por la cual atraviesa México, la industria de la música norteña se ha visto impregnada del narcotráfico.

Los corridos prohibidos cuentan la historia de Arturo Beltrán Leyva, quien era la cabeza del Cartel de Juárez junto con sus hermanos: Alfredo, Héctor, Marcos Arturo y Mario Alberto. Beltrán Leyva era un joven de Tameapa, Sinaloa, que siempre había soñado con tener dinero y poder. Era el protagonista de varios corridos, se le conocía bajo los pseudónimos de “El Botas Blancas”, “El Jefe de Jefes”, “El Barbas” y “La Muerte”.

En la noche del 16 de Diciembre, en un conjunto residencial de Cuernavaca, murió en un operativo de unidades de la Marina con apoyo del Ejército. Según declaraciones de la Procuraduría, su muerte pudo realizarse gracias a que algunos detenidos, entre ellos prostitutas y músicos, informaron sobre su paradero.

Entre estos capturados estaba Ramón Ayala, intérprete ganador de cuatros Grammy e integrantes de ‘Los cadetes de Linares’, un popular conjunto de la llamada música ‘grupera’; y conocido como El Rey del Acordeón. Se encontraba amenizando una fiesta en la cual estaban el capo Édgar Valdez, “La Barbie” y el fallecido Arturo Beltrán Leyva.

El narcotráfico lo impregna todo. Entre el lujo desmedido y las fiestas ostentosas, los músicos gruperos no tienen otra opción que aceptar sus invitaciones, y cuando se niegan las consecuencias son catastróficas.

Entre 2006 y 2007, una ola de asesinatos por el crimen organizado azotó a los cantantes populares en México, algunos casos son: Valentín Elizalde, asesinado en 2006, junto a su chofer y su manager, mientras se dirigía a una presentación en Tamaulipas, frontera con Estados Unidos y epicentro de las actividades ilegales del cartel del Golfo; Sergio Gómez, líder de la banda “K-paz de la Sierra”, muerto en 2007 en Michoacán. Estos y muchos más crímenes quedan en la impunidad.

La música grupera representa utilidades millonarias y se expanden fuera de los perímetros convencionales. Los conciertos logran asistencias entre 10 mil y 50 mil personas y venden millones de copias. Sin embargo, el ambiente sórdido de delincuencia empaña los logros de este género.

La música norteña es la tradición oral que preserva nuestras raíces y nos recuerda el lugar de donde venimos. ¿Qué sucedería si estas letras se transforman en solo crímenes? Esto es una alerta para que estas canciones mantengan ese sello único hispano y cumplan su labor, no sólo de contar la historia del narcotráfico, sino para recordar lo valioso de nuestros pueblos.