La vuelta de la inspiración

Titulé esta columna “La vuelta de la inspiración” porque estoy segura de que alguna vez me inspiré para escribir los cientos de versos y párrafos que hoy forman parte de mi primer libro, y también porque quiero, con esta columna, enviar un mensaje de agradecimiento a quien hizo posible mi vuelta a la literatura.

Pero, ¿en qué momento perdí la inspiración? Estoy segura de que se extravió con el paso de los días, y más aún cuando puse a enfriar el corazón. El arte es mucho más que un trabajo, requiere mucho más que un simple esfuerzo o una gran idea, y su verdadero valor constituye el peso en la historia y no en los números que lo acompañan. El arte es el resultado exacto de un impulso, de la sensibilidad interior que se expresa en palabra, música, color y forma.

Es justo esa sensibilidad la que di por perdida cuando decidí usar más la razón y menos el corazón. Hasta que lo vi a él, y no hablo de él como quien habla de amor. Hablo de él como ese motivo punzante, esa inspiración perdida que me indicó el viejo camino, me llenó de razones y palabras y me graduó, sin pretenderlo, otra vez como poetisa.

Sí, volví a la poesía gracias a las casualidades que me brinda la vida. Volvieron las sílabas ausentes que forman mis mejores versos; volvió el aire de domingo junto a la orilla del mar, el vicio del parque, las ganas de ver a mi padre, abrazar a mi madre y volver a ser feliz. Una mujer feliz.

Y es así como se hace al arte, sintiendo ese eco interno que llama nuestro nombre una y otra vez, que nos impulsa a seguir el camino de la creación y que gracias a alguien o algo, nos da motivos de sobra para pintar con nuestros mejores colores el cielo infinito e impensado de la creatividad.

Imaginando, sólo imaginando nos hacemos diferentes, nos sentimos más arte que parte, le “arreglamos los ojos” al que casi no ve y se los abrimos por completo al que desconocía los colores.

La inspiración volvió, en mi caso, en forma de hombre, verso, poeta y amigo. Mis palabras las encontré en su alma, mis ojos los pinté en sus brazos, mis brazos los vestí con sus versos hasta que su aire se paseó por mi imaginación como Gala en Dalí, Dora Maar en Picasso y Matilde Urrutia en Neruda.

La vuelta de la inspiración me tomó por sorpresa. Es por esta misma razón que aprovecho para darle las gracias a ese gran amigo y gran poeta que me regresó mis mejores días en un sobre con cuatro versos y ciento treinta y siete palabras. Por él volví a la poesía, por él volvió la inspiración perdida y las ganas de vivir. Gracias por la encomienda amigo mío, gracias por tus palabras, tu poema y tu actitud. Que la inspiración regrese a tus brazos y que esos ojos que hoy admiras se reflejen en los tuyos en vísperas del amanecer.

A ti, inspiración mía, no te pierdas nunca más.