¿Quién le pagó al Oso?

Desde hace dos semanas, en varias ocasiones, he visto circular en mi página de la red social Facebook un video titulado “No dejes de ver este comercial”. El título de carácter tentador,  logró despertar la curiosidad innata que me acompaña y una gran sorpresa me llevé al verlo. Las imágenes cuentan la historia de un hombre que sale en la mañana de su casa y al regresar de trabajar en la noche,  ésta se hace cada más pequeña con el pasar de los días, hasta que el personaje no logra entrar por la diminuta puerta. El cuento finaliza con la aparición de un imponente oso polar sobre un estrecho pedazo de hielo flotante acompañado con un mensaje de fondo que dice “Calentamiento Global. Cuando lo sientes, es demasiado tarde”.

¿Cuánto dinero le pagaron al actor por el comercial? No sé cuanto haya cobrado el señor, pero ¿y al oso? ¿Alguien le pagó?

Por tratarse de una publicidad para generar conciencia sobre la problemática ambiental de la que se habla desde hace más de una década, pues que al oso no le paguen, le conviene. Se podría decir que el polar, en este caso, hace el mismo papel de las exuberantes modelos de revistas como Soho, quienes no reciben una retribución económica a cambio del empelote, pero les es de gran beneficio archivar la publicación en su portafolio.

Y cuando se trata de otro tipo de campaña publicitaria, ¿porque no les pagan a los animales?  Los usan, así de sencillo. Están en televisión, internet, en impresos y muchos de ellos son el logo de una cantidad infinita de productos disponibles en el mercado. En una ligera lista se encuentran cocodrilos, venados, aves y pumas  estampados en camisetas y bordados en pantalones. También hacen parte de las etiquetas de unas reconocidas marcas de cervezas, automóviles y de productos de limpieza. Estos últimos son los que más me cuesta entender, ¡que alguien me explique la relación existente entre  un cuadrúpedo y un rollo de papel higiénico!

Si cada una de estas compañías designara  por lo menos, un centavo de dólar por cada producto vendido a la conservación del planeta, seguramente muchos animales carentes de carisma no estarían en vía de extinción, y  los conservacionistas tendrían más recursos para la causa.

Si, para los feos de la fauna hay menos publicidad.  Al igual que las modelos que logran una portada de revista, son contados los animales que logran ser famosos. A las primeras les toca invertir en unas cuantas cirugías, y a los otros ser carismáticos, si no que me contradiga uno de los osos panda que firmó el contrato publicitario con el  inglés Peter Scott en 1961.

La imagen del oso chino es el logo desde los años 60’s de la organización internacional conservacionista más grande del mundo, conocida con el nombre de WWF (World Wildlife Foundation, por sus siglas en inglés), y desde entonces, el panda es el oso más famoso, aunque últimamente el oso Coca-Cola le está robando el show gracias al descongelamiento de los polos.

El panda fue escogido como representante de las especies en vía de extinción por su belleza, carisma y según su agente publicitario, el Sr. Scott, para que “simbolizara todo lo que está desapareciendo en el mundo natural”. Seguramente, la iguana crestada de Fiyi (Brachylophus vitiensis), declarada en estado crítico de extinción desde 1996, no se identifica con esta afirmación, pues ni pelos, ni cara de buena gente tiene. Y pese al “boom” publicitario del chino y a las fuertes cantidades de dinero invertido para conservarlo, no han podido sacarlo de la lista roja de animales en vía de extinción (IUCN Red List). Sólo quedan alrededor de 1000 bonitos ositos comiendo bambú en el hábitad natural, y unos 100 en cautiverio que no se reproducen ni poniéndolos a ver el Kamasutra occidental. Posiblemente, los osos panda renuncian a un salvaje y apasionante encuentro sexual por pedirle a Buda que no terminen como el más famoso de los extintos, el pájaro Dodo.

Extintos ya son varios, y en espera para obtener esta calificación hay miles. Que alguien se encargue de cobrar por las actuaciones,  por las sesiones de fotografía, y por el uso de la imagen de cientos de animales cuando no les generan  ningún tipo de beneficio. Tal vez sea una alternativa más para conservar lo poco que queda, pues cuando el bolsillo duele es cuando se es más calculador. No me ofrezco a recaudar el impuesto –si se puede llamar de esta manera- porque no tengo espíritu de recaudadora, pero si me comprometo a enviar el video en Facebook para que más de uno se deje tentar por el título.