Editorial

Una Elegía en verso libertino

Se escriben elegías cuando los hombres y las rosas, unas y otros, se van apagando en el tiempo. En ese triste atardecer que llamamos tiempo. Se escriben elegías cuando se calla el cantor, cuando la pluma se detiene, cuando el pincel se desliza por última vez hacia el infinito. Cuando cae el telón. Y nos dejan solos. En el miedo, en la desesperanza. En la melancolía por lo que hicieron para transformar este mundo y en la reflexión de lo que vendrá para quienes queramos tomar sus banderas, sus poemas y sus instrumentos.

Para nosotros, los que quedamos solos, con el vacío, nunca ha sido fácil hablar de la muerte. Quizá por eso los griegos se inventaron las elegías, con sus hexámetros y sus pentámetros, con sus variaciones; quizá para evadir de una forma lírica y poética la crudeza del absoluto; de la batalla entre la vida y la muerte. Hoy, sin embargo, nos enfrentamos nuevamente a ella: tan fría, tan incontable, tan impredecible; y que en esta ocasión para nuestro infortunio, no se ha enamorado de los hombres, ni ha podido ser atrapada por ellos, como tal vez alguna vez fue soñado.

En medio de este insufrible tráfico de los siglos, hay algunos hombres y algunas rosas que por su legado, sus obras, sus palabras, o su trascendencia en los lugares y en la memoria de los hombres, logran una suerte de sublimidad con la que al final, superan a los terribles brazos de la muerte, la oscuridad y el olvido.

Tristemente y como es su costumbre, llegó sin avisar, la hora para una de esas rosas. Recientemente, ha fallecido en la ciudad de Buenos Aires, la cantautora Mercedes Sosa. Al pensar en su legado creemos que en América Latina, otra realidad, otro folclor y otra identidad es posible; otros sueños y otras esperanzas. La canción que canta a las raíces de lo que somos, a nuestra literatura, a nuestra música, a nuestras costumbres y también a nuestros crímenes esta por fin libre, recorriendo sin obstáculo alguno el continente americano.

Los editores de Arte Libertino hemos querido rendirle este sencillo y humilde homenaje, a la memoria de la negra y a su vida. La de una luchadora por la libertad, la igualdad y la justicia social en América Latina. A nuestros héroes, a nuestros artistas que de a poco, se van muriendo. No se mueran más.

Nos consuela quizá, este verso inmortal: “Los astros y los hombres vuelven cíclicamente”.