Sexo y Religión

Aquel que esté libre de pecado, que lance la primera piedra” dijo Jesucristo en algún momento de su vida. Lo que él nunca imaginó es que cualquiera, pecador o no pecador, se sentiría libre en este nuevo milenio de agarrar a pedradas a quien se le venga en gana. Sí, hoy tiran piedras desde todas las casas coloridas y presidenciales, hasta del mismo vaticano. ¡Tener sexo es malo!, ¡usar condón es peor!, ¡acostarse con el mejor amigo es el camino más rápido al infierno!. En fin, cualquier gansada que se puedan imaginar.

Los caminos al infierno son cada vez más cortos pero también más variados. Hoy podemos llegar a casa de Lucifer por tan sólo escupir en la calle, regañar un chicuelo o por auto-complacernos antes de dormir. ¡Pecadora!, así es como me llaman en la iglesia. ¡Pecadora!. Pecadora soy por ir en contra de la filosofía gastada y mal vivida de la iglesia. Pecadora soy por creer en la libertad de los pueblos y las almas, por usar mi cuerpo conforme se me viene en gana, por querer a muchos y no a uno solo, pecadora soy por cualquier tontería que esté mal vista por los viejos verdes y pedófilos de la sotana blanca y pura.

¡Pecadores ellos!. Sí, con hablado zurdo y callejero. Pecadores ellos que roban al pueblo, le violan sus hijos, le vacían la alacena pregonando caridad y luego lo señalan por injusto e inmoral; tremenda contradicción. Pecadores ellos que llevan siglos calificando a los demás conforme se les viene en gana, pero siendo incapaces de corregirse por dentro (y bastante que lo necesitan). “Lo que pasa en el Vaticano se queda en el Vaticano”. Es un tipo de impunidad moral y concienzuda que no termino de entender y que no voy a soportar mientras estos señores de la iglesia, cualquier iglesia, porque esto no es sólo para los católicos, sigan pensando que la fe mueve montañas y que la inmoralidad es sinónimo de libertad y juventud.

La verdad es que yo prefiero irme al infierno y ver pasar allí mis noches más oscuras -las que no existen- al lado de cientos de miles de millones de pecadores, comiendo perro caliente y sudada hasta el Duodeno y el Yeyuno, llevando a cabo cada una de mis fantasías; y no en el cielo escuchando armónicas pacifistas y discursos del tipo Gandhi o Martin Luther King. Eso sí que es aburrido y motivo suficiente para agarrar a pedradas a cuanto ángel se me atraviese con una armónica en la mano o una biblia bajo el brazo. Es que no sólo les doy piedra sino también trompadas por andar tan convencidos.

Y como para ir al infierno tendré que pasar en forma obligatoria por el Limbo -aquel lugar donde descansan las almas de los niños pecadores y que fue abolido por la iglesia católica a mediados del 2007-, les llevaré una buena dosis de caramelos prohibidos y pastillas de colores. Más de dos mil años mortificando a los infantes del planeta con un lugar que no existe y donde según la iglesia serían juzgados de no cumplir con todo lo que se les imponía; y ya todos sabemos lo que las iglesias esperan de los niños del planeta, justo aquello por lo que a nosotras las mujeres se nos califica de inmorales, pecadoras y lascivas: sexo.