Música contemporánea latinoamericana

La música contemporánea latinoamericana no le interesa ni a los compositores ni a los ensambles europeos. Salvo, si es hecha en Europa.

En estos últimos años en Europa ha crecido el interés hacia los espacios culturales latinoamericanos. No es raro ver a ensambles como l’Intercontemporain, Modern de Frankfurt, Recherche o el cuarteto Arditti hacer conciertos en nuestros países, en algunos casos incluyendo dentro de su repertorio música de compositores del país que visitan y haciendo lecturas de obras de jóvenes compositores como parte del proceso pedagógico al que están acostumbrados los ensambles europeos.

Pero la relación entre América Latina y Europa, en el medio de la música contemporánea sigue siendo unidireccional. Los ensambles europeos rara vez tocan en Europa obras de compositores latinoamericanos radicados en Latinoamérica. En cambio, del otro lado es fuerte el interés que existe hacia lo que pasa en Europa. Tal vez sea una exageración afirmar que en cada concierto de música contemporánea en Latinoamérica se toca por lo menos una obra de un compositor europeo. Pero casi.

La formación musical de nuestros compositores ha estado fuertemente ligada a Europa. En Colombia, en la primera mitad del siglo XX, las figuras musicales más predominantes se formaron fuera del país. Guillermo Uribe Holguín , Antonio María Valencia y Adolfo Mejía lo hicieron en París. El primero fue compañero de Erik Satie en la Eschola Cantorum. Mejía fue alumno de Paul Dukas y Nadia Boulanger en la Escuela Normal de Música. Germán Borda estudió en Viena y José Rozo Contreras en Roma y Viena.

Más adelante, a comienzos de la segunda mitad del siglo XX, gran parte de la vieja generación de compositores latinoamericanos fueron becarios del hoy desaparecido Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales del Instituto Torcuato Di Tella, la desaparecida escuela que creó Alberto Ginastera en Buenos Aires en los años sesenta. Allí recibieron de la mano de Luigi Nono, Olivier Messiaen, Luigi Dallapiccola, Cristobal Halffter, Vladimir Ussachevsky, entre otros, los secretos de la música europea. Blas Atehortúa, uno de ellos, aún le recomienda a sus estudiantes de composición, como algo indispensable, un tratado italiano de contrapunto.

En estos últimos años, los esfuerzos institucionales para llevar a Latinoamérica solistas, ensambles y compositores Europeos han sido enormes y no pocos. Sólo en Colombia, con los cada vez más reducidos recursos que le asigna el estado a la cultura, se consiguió llevar a los Laboratorios de Nueva Música en Bogotá a Dominique My, quien dirigió el ensamble deciBelio de la Universidad Javeriana. Mas tarde se llevó a Tristan Murail y luego a Phillippe Manoury. En México, Emanuel Nunes viene de ser jurado en la última edición del Premio Iberoamericano de Composición Rodolfo Halffter. Ya Tristan Murail lo había sido.

¿Cuántos ensambles de música contemporánea europeos han visitado Latinoamérica en estos últimos años? y, ¿cuántas obras de compositores latinoamericanos radicados en América Latina han tocado estos ensambles en Europa? Yo mismo conseguí que el año pasado invitaran un ensamble francés, por el que siento un gran aprecio, a participar del festival de Música Clásica Contemporánea de Lima. A la fecha, no he sabido que tengan pensado estrenar en París alguna obra de un compositor peruano. Y este es un ensamble que por diferentes razones ha incluido dentro de su repertorio un buen número de obras de compositores latinoamericanos, radicados en París casi todos. La música contemporánea latinoamericana no le interesa ni a los compositores, ni a los ensambles, ni a los festivales europeos. Salvo, si es hecha en Europa.

Muchas veces, ésta no le interesa ni a los mismos latinoamericanos. Hay historias que nos representan mejor que otras. Como aquella del gobierno venezolano, que en la década de los ochenta para conmemorar el bicentenario del nacimiento del héroe libertador Simón Bolívar, le comisionó al compositor polaco Christof Penderecki su concierto para viola y orquesta.

Hoy en Europa son muchos los compositores latinoamericanos que trabajan como profesores, investigadores o están programados en festivales importantes. Una breve reseña. Entre los más destacados están los argentinos Luis Naón (profesor en el Conservatorio Superior de París-Francia, la ESMuC – Escuela Superior de Música de Cataluña-España y la Alta Escuela de Música de Ginebra-Suiza. Miembro del ensamble Diagonal), José Luis Campana (profesor en el Centro Superior de Música del País Vasco-España), Daniel D’Adamo (profesor en los Conservatorios franceses de Tours y Reims, fundó en Francia el ensamble XXI), Mario Mary (profesor en la Universidad Paris VIII), Daniel Teruggi (profesor en las Universidades Sorbona-París I y París VI, director del grupo de investigaciones musicales del GRM), Martín Matalón (sostiene una estrecha colaboración con el IRCAM) y Octavio López (profesor en París en el conservatorio del distrito XX y la Universidad de Marne la Vallée). Un mexicano, Javier Torres Maldonado (profesor en el conservatorio de Milán-Italia y director artístico del ensamble Dynamis). Un peruano, Rajmil Fischman (profesor en la universidad de Keele-Inglaterra). Y un brasileño, Mikhail Malt (profesor en la Sorbona-París IV y profesor e investigador en el IRCAM). Entre muchos otros.

En Ginebra-Suiza, el ensamble Vortex fue fundado por dos salvadoreños, un argentino y un colombiano.

Y no deja de ser interesante lo que hicieron otros compositores latinoamericanos en Europa en estos últimos años. El ecuatoriano Mesías Maiguashca fue profesor de música electrónica de 1990 al 2004 en la Musikhochschule de Freiburg. El argentino Mauricio Kagel, que murió el año pasado, fundó en Alemania el ensamble Kölner y dirigió el Instituto de música nueva en la Rheinische Musikschule de Colonia y la clase de Teatro Musical, que fue abierta por él en 1974, en la Musikhochschule de Colonia. El Mexicano Julio Estrada fundó en Francia Les Ateliers UPIC y el Centre de Création Musicale Iannis Xenakis en la década de los ochenta y fue designado en el año 2000 director de investigaciones del Centre d’Études de Mathématiques et Automatique Musicales en París, en sustitución del mismo Xenakis, cargo que ocupó hasta el 2001.

Así como el panorama en Europa ha cambiado un poco gracias a la fuerte migración de compositores latinoamericanos, también en Latinoamérica se ha avanzado significativamente en la difusión de nuestra música. Pero cuando allí se toca una obra de un compositor europeo, norteamericano, asiático…, en lugar de la de un latinoamericano, casi siempre es una pérdida de tiempo. Estamos dejando de aprovechar gran parte de los proyectos de difusión que se llevan a cabo en Latinoamérica cuando todas las iniciativas deberían estar dirigidas a desarrollar nuestro medio y estimular nuestros compositores. Sobre todo los jóvenes. Lo mejor que tienen los conservatorios europeos es que tocan las obras de sus estudiantes, mientras que en Latinoamérica estos sufren por lo poco que los programan dentro y fuera de las escuelas. Es más fácil que a partir de la experiencia real con su música y con un medio activo, un joven compositor pueda desarrollar su capacidad creadora. Para los que abogan por la importancia del repertorio europeo en la etapa de formación, ahí están los discos, los libros. Casi todo está publicado y es de fácil acceso. Y a los compositores europeos los programan en Europa. Se trata, sobre todo, de que toquemos nuestra música aquí y allá. Nosotros conocemos bien lo que pasa y bastante bien lo que ha pasado en Europa, donde, he aquí la paradoja, no tienen la más remota idea de lo que pasa musicalmente en Latinoamérica.

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