La maleta

Cada vez que volvía de mis vacaciones, tenía la leve impresión de que en mi maleta había traído algo que no me correspondía. Algo que no sabía que era, pero sentía su presencia con certeza. Eso hacía que la vaciara tan pronto como había llegado, con el fin de encontrar ese algo que nunca aparecía.

Después de reiteradas veces de pasarme lo mismo, comencé a sentir curiosidad respecto a mis impresiones.  Eso hizo que en un verano cuando llegué, comenzara  a deshacer mi equipaje lenta y minuciosamente, buscando en cada esquina, en el fondo, entre la ropa, abriendo y cerrando bolsitas; las que sólo contenían mis objetos personales u obsequios que había comprado para mis afectos.

Nada nuevo había en ella. Pero yo seguía pensando y sintiendo fascinada que algo mágico e inesperado estaba a punto de suceder. Mejor dicho, que algo milagroso iba a salir.

Y fue así, como en cuclillas e impávida  frente a ella y dotada de cierta inmovilidad, miré por largo rato el contenido revuelto. Fue en ese momento en el que como un destello de luz, vi  aclarar mis deseos de resolver esta intriga. Y descubrí que lo que traía guardado a mi regreso, era ni más ni menos que la profunda riqueza de conocimientos y de un tiempo vivido.

El maravilloso y majestuoso lujo de disponer de todo el tiempo, el descanso, el reposo, la quietud y excitación que transcurriría  durante las vacaciones. Días en que sereno mi mente atrevida,  que durante todo el año camina sin descanso dando dirección a mi vida y permitiéndome la libertad de pensamientos atrevidos en una frenética actividad.

Ese espacio de vacaciones que dejo transcurrir al ritmo que le venga en ganas.  Esos días en que dejo de analizar lo importante, para darle paso a las trivialidades. Puedo ser simple y sosegada. Puedo ser yo misma.

Entonces me di cuenta que ya no debía buscar mas, había encontrado esa parte oculta en mi maleta. Esa que alimentaría mis sueños por un tiempo  y con la certeza que daría nuevos rumbos a la rutina que  había quedado atrás.

Por eso cuando regreso de cada viaje y me enfrento a mi equipaje acomodando cada objeto donde corresponde, le reservo el mejor lugar a las vivencias, pensamientos, placer y por sobre todas las cosas a ese extraordinario y  armonioso tiempo.