Editorial

¡Es aquí y ahora!

Es creíble pensar que en un mundo donde las balas hacen “su agosto” cada vez que un mandatario se levanta con el pie izquierdo, y donde las muertes se ordenan con facilidad, se podría levantar con la misma simplicidad un espacio que represente la expresión artística y cultural para los jóvenes del nuevo milenio.

De forma asombrosa vemos cómo, día tras día, los titulares de los medios de comunicación son dedicados de forma exclusiva a quienes patrocinan la guerra y hacen de la muerte un negocio; y no a aquellos que promocionan la sensibilidad humana y hacen de la creación y la imaginación su diaria realidad. En el mundo de hoy los artistas somos una clase marginada por las guerras, las decisiones bárbaras e insolentes de los grandes imperios y el fácil olvido de los medios de comunicación.

Basta con volver la vista al pasado para entender que han sido muchos más los que entraron en los libros de la historia por haber gastado sus días y sus noches en pro de la creación y la búsqueda constante de un legado que traspasara las barreras culturales, los idiomas y las fronteras que aíslan a los pueblos. Fueron más los artistas, más los músicos, más los pensadores. Fueron más y también mejores, porque la única arma que empuñaron fue la esperanza, y así contribuyeron a un mundo más justo y con mejor educación.

¿Dónde quedó su espacio? Si tan grande fue su aportación, ¿en qué momento nos dejamos callar? ¡Basta! No podemos ser artistas de reparto, no podemos seguir el guión que nos han impuesto en el que permanecemos como elementos pasivos de la sociedad, en un círculo supuestamente conformado por intelectuales alienados, cerrado con un lazo infranqueable que en realidad es inexistente. Aún menos podemos dejar a un lado la única arma que nos ha regalado victorias que van de generación en generación: no podemos apartar la imaginación.

¡Basta! Que se callen los fusiles, se marchite el odio y se fulmine la indolencia. El mundo es y ha sido nuestro espacio. En honor a todos aquellos maestros que han pasado el testigo del arte y la sensibilidad, los artistas de hoy debemos armarnos nuevamente de valor y enfrentar la triste y humillante realidad que nos rodea. Es ahora cuando debemos disparar nuestros fusiles cargados de ideas, hacer estallar nuestras bombas de lienzos, hostigar al enemigo con versos y rimas, y engañar sus tropas con nuestras mejores actuaciones y creaciones.

¡Es aquí y ahora! Este es el momento preciso para combatir la apatía y dejadez que han alimentado los medios de comunicación. Es hora de superar las armas generadoras de dolor, es momento ya de silenciar los explosivos letales de nuestros gobiernos y también a nuestros gobernantes, a quienes no les quedará más remedio que aceptar el hecho de que una revolución hecha con arte es mucho más fuerte que una guerra de armas, barbarie y ganas de matar.