Crónicas de un Don Nadie

Por Andrés Calvo, Anca.

El maravilloso mundo de la música siempre idealizado a través del lente del paparazzi. El glamur, las aventuras, los viajes. Todos aspectos de ensueño, y que milagrosamente recaen sobre personajes que al mejor estilo de una deidad, se escabullen entre los hilos del tiempo, dejando, si algo, un autógrafo.

Recuerdo que de muy chico, tras llegar de la guardería, la niñera en su afán de ocupar mi atención, ponía videos musicales en un televisor enorme en el cuarto de mis papás. Así, me quedaba hipnotizado frente a Thriller de Michael Jackson, Juan Gabriel, Marco Antonio Solís, Vicente Fernández y cómo no, Rafael “tocando madera”. Es cierto, no tuvo mucha entrada el Rock n’ Roll en mis años de infancia, y fue por eso quizás que mientras sostenía un molino de chocolate a manera de micrófono, decidí que no iba a cantar jamás en mi vida.

20 años más tarde, en una de las ironías de la vida, permanecía sentado en el asiento trasero de una mini-van en la ciudad de Bogotá. Me acompañaban dos de mis músicos y la jefa de prensa. Nos encontrábamos en mitad de un día atareado de pura promoción en la ciudad. Esto es ir a cuanto canal, emisora y periódico exista con el fin de impulsar nuestro producto. La garganta me molestaba un poco, ya que me estaba terminando de recuperar de una laringitis, así que andaba con una bufanda sobre la nariz y la boca para no enfermarme más y, entre otras cosas, evitar la famosa gripa A.

Al llegar a uno más de los canales importantes de la capital colombiana, nos bajamos “a la carrera” con el objetivo de cumplir con la hora acordada para la entrevista. Nos registramos en recepción, y acto seguido hizo su aparición un joven periodista, quien recibió de mano de la jefa de prensa mi Comunicado de prensa, unas fotos, el CD y el video. El hombre, tras ojear las imágenes y toda la información que estaba recibiendo, levantó su mirada y, hablándole al primer rostro que encontró, preguntó: “Andrés, ¿dónde quieres que hagamos la entrevista?”.

El problema es que al que vio fue a uno de mis músicos, quien, sabiendo cuál hubiera sido mi respuesta, dijo: “donde sea”. El profesional de la información siguió hablando con el músico creyendo que éste era yo, y nos condujo al sitio abierto donde haríamos la nota. Mientras tanto Daniel, ‘Cachetes’, aquel que había sido confundido conmigo, me miraba sin dar crédito a la poca atención que estaba prestando el personaje.

Alardeando de las aventuras de su profesión, le habló al miembro de mi banda sobre música, de cuando conoció a Juanes, de los ángulos preferidos para la cámara, y demostró maestría en cuanto a lo que es regirse por las normas preestablecidas. Nos dijo con un tono de superioridad que quería una nota animada, que mostrara “la esencia de la banda”, y también hizo mención de cómo ésta nos iba a ayudar a salir adelante. Todo esto se lo decía a ‘Cachetes’ sin dejar de llamarlo Anca.

Pues bien, la cámara empezó a grabar y aún no habíamos corregido al periodista su error de identificación. Su bienvenida, con un “somos muy fans tuyos en el canal” continuó con el comienzo de su interrogatorio. Frente al lente, nosotros tres nos reventábamos de ganas de reírnos, pero mantuvimos la compostura para ver qué tan lejos se podría llevar.

Al mejor estilo de un cantante líder, ‘Cachetes’ respondió las preguntas siguiendo toda la ironía posible que cabía dentro de esta situación, pensando que en algún momento alguien se reiría y haríamos todo de nuevo como debería ser, pero el periodista parecía creer totalmente lo que sucedía y le auguraba un ‘buen futuro’ a Daniel. Todo esto sin jamás haber oído una de nuestras notas musicales, lo que se evidenciaba en la dinámica de la entrevista.

Tras cinco minutos en los cuales preguntaron lo típico lo se le pregunta a un cantante, pero a mi guitarrista, le pidieron despedirse con una canción en compañía de la banda. Así, Daniel se colgó la guitarra, Vasco tomó el cajón, y yo a cargo de la voz, tocamos el sencillo que estábamos promocionando y nos marchamos. No sin antes dejar, al mejor estilo de las deidades de la farándula, un autógrafo a petición del periodista, al parecer para su hija, el cual se leía: “Con Amor… Cachetes”.  La nota salió a los dos días. Ni el periodista ni nadie en el canal, a pesar de haberse declarado nuestros fans, pareció haberse dado cuenta del error. Otra simple entrevista, una que terminó siendo muy libertina.